Desde la periferia
(,,,) Sucede, sin embargo, que me siento responsable de que ciertas informaciones y circunstancias alcancen a ser develadas, sean cuales sean las consecuencias.
A la luz de un único foco de luz amarilla lateral, Juan, que a todas luces lleva un tiempo sin asearse y barba de tres días, escribe furiosamente sobre el teclado de un PC; detrás, la pantalla de un portátil ilumina iridiscente el contraluz de su cabeza.
Por el suelo –la habitación es pequeña, abigarrada, de un apartamento; contra la pared se intuye una cama, casi un catre, y un armario pequeño, sin adornos- hay papeles en desorden, hojas sueltas con anotaciones sobre sus sandalias, al igual que en los alrededores de la mesa del teclado.
También en el suelo, al lado de su pierna -con peligro de ser derribados- esperan una botella de JB sin estrenar, y un vaso ancho de base cuadrada, vacío. Al fondo, muy cercano, la escena se refleja sobre el cristal de una ventana de aluminio sin cortina, puesto que en el exterior es noche cerrada, negra.
Desde la ventana, a su espalda, vemos como sobre la pantalla del ordenador, van apareciendo espasmódicamente frases inconexas.
Juan teclea y mira a la pantalla, vuelve a teclear, y vuelve a mirar,...
Sobre la pantalla se intercalan líneas que evidentemente Juan no ha tecleado.
Su expresión y su actitud oscilan entre la preocupación, el miedo, la sorpresa y la urgencia.
Una voz interior relata lo que pasa por su cabeza, lo que intenta transcribir, porque en la pantalla aparecen frases diferentes, intercaladas entre las suyas, de colores tamaños y fuentes cambiantes ...
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