<?xml version="1.0"?>
<rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0"><channel><atom:link href="https://sereira.blogia.com/feed.xml" rel="self" type="application/rss+xml"/><title>sereira</title><description>Elucubraciones literarias y otras</description><link>https://sereira.blogia.com</link><language>es</language><lastBuildDate>Sun, 10 Dec 2023 12:02:20 +0000</lastBuildDate><generator>Blogia</generator><item><title>La escalera del jard&#xED;n</title><link>https://sereira.blogia.com/2006/120801-la-escalera-del-jardin.php</link><guid isPermaLink="true">https://sereira.blogia.com/2006/120801-la-escalera-del-jardin.php</guid><description><![CDATA[<p><strong><em>La escalera era una idea obsesiva de Eug&egrave;ne.<span>&nbsp;&nbsp;</span></em></strong> </p><p align="justify"><strong>Estaba claro que la inactividad era algo para lo que ella no estaba preparada.</strong></p><p align="justify">&nbsp;</p><p align="justify"><strong>Me llam&oacute;, con cierta impaciencia, con la idea de analizar por nuestra cuenta y en paralelo con el doctor los datos de que dispon&iacute;amos; no parec&iacute;a darse cuenta de que era un trabajo in&uacute;til:</strong></p><p align="justify"><strong>Ella no estaba capacitada, aunque quisiera pensarlo, para ese tipo de trabajo, que adem&aacute;s probablemente le aburrir&iacute;a; quiz&aacute; s&iacute; que pose&iacute;a los conocimientos suficientes, pero estaba claro que le faltaba la serenidad, la experiencia de la edad para usarlos adecuadamente. Por mucho yoga que practicara...</strong></p><p align="justify"><strong>Yo estaba en cambio perfectamente capacitado para admitir mi supina ignorancia con naturalidad y aplomo, aunque vi&eacute;ndola en ese estado de excitaci&oacute;n, trat&eacute; de aprovechar su debilidad y tomar las riendas de la situaci&oacute;n, llev&aacute;ndola a mi terreno.</strong></p><p align="justify"><strong>Bienintencionadamente, quiero que se me entienda: No pensaba, aunque fuera siempre bien recibido, en las pr&aacute;cticas de telepat&iacute;a por el "m&eacute;todo Eug&egrave;ne"...</strong></p><p align="justify"><strong>Si mi conclusi&oacute;n sobre la situaci&oacute;n de "stand by" me llevaba a tratar de conducirla hacia la paciencia, la espera tranquila, aprovechando el tiempo que se nos regalaba en actividades l&uacute;dicas, no era s&oacute;lo porque es lo que m&aacute;s me apetec&iacute;a a m&iacute;.</strong></p><p align="justify"><strong>(Qu&eacute; bonitos recuerdos, sin embargo, acumulados en un par de d&iacute;as de "dolce far niente", sosegados, al menos por mi parte; de un par de noches que trat&eacute; de aprovechar vaci&aacute;ndolas de sue&ntilde;o para llenarlas..., de otras sensaciones.)</strong></p><p align="justify"><strong>Pero, aunque su esp&iacute;ritu rebelde me sobrepasaba, por una vez, intent&eacute; enga&ntilde;arla.</strong></p><p align="justify"><strong>Quiz&aacute; me lo permiti&oacute;.</strong></p><p align="justify"><strong>Yo sab&iacute;a de su conocimiento profundo del casco antiguo de Aranjuez, de cada una de sus edificaciones hist&oacute;ricas, de sus jardines, en especial el de la Isla, abundante en fuentes y estatuas, a la b&uacute;squeda de se&ntilde;ales encriptadas, marcas,... esas cosas que ella buscaba.</strong></p><p align="justify"><strong>Tambi&eacute;n deduje que, con este sistema, habr&iacute;a olvidado o prestado menos atenci&oacute;n al jard&iacute;n vegetal, el del Pr&iacute;ncipe, donde lo importante es el paisaje, los &aacute;rboles, los arbustos, el bosque, y donde sus escasas construcciones se supeditan a la naturaleza.</strong></p><p align="justify"><strong>En mis paseos por el jard&iacute;n, primero solitarios, hab&iacute;a al fin trabado conversaci&oacute;n y un principio de amistad con bastantes personas que adoraban ese jard&iacute;n en particular y conoc&iacute;an sus m&aacute;s &iacute;ntimos rincones.</strong></p><p align="justify"><strong>Me ense&ntilde;aron muchas cosas. M&aacute;s de lo que pod&iacute;a asimilar. Y un com&uacute;n inter&eacute;s nos un&iacute;a, aunque nuestras motivaciones fueran diversas.</strong></p><p align="justify"><strong>Por m&uacute;ltiples razones a m&iacute; me hab&iacute;a atra&iacute;do m&aacute;s que la compleja imaginer&iacute;a del jard&iacute;n de la Isla, en la que Eug&egrave;ne parec&iacute;a especializada, y trat&eacute; de aprovechar mi supuesta ventaja, arriesg&aacute;ndome a su burla, ofreciendo una "pista" que me pareci&oacute; que pod&iacute;a sacarla de su perpetua tensi&oacute;n.</strong></p><p align="justify"><strong>Como, por alg&uacute;n motivo que se neg&oacute; a explicarme, la escalera era su imagen obsesiva, la busqu&eacute; en mi memoria y la encontr&eacute;: Me refiero a una escalera f&iacute;sica, de verdad; no pod&iacute;a arriesgarme a mencionar el significado que Freud suele atribuir a la imagen de la escalera, porque seguro que ella hab&iacute;a estudiado psicolog&iacute;a en profundidad, y saldr&iacute;a sin duda trasquilado. Y era preferible soslayar el lado emotivo e inclinarse por el pseudoracional, tratando con semejante personita.</strong></p><p align="justify"><strong>Trat&eacute; de, mediante circunloquios aparentemente casuales, llevarla donde yo quer&iacute;a. Dudo mucho que consiguiera enga&ntilde;arla, pero pareci&oacute; permitirme hacerlo: Me sorprendi&oacute; lo f&aacute;cil que result&oacute;.</strong></p><p align="justify"><strong>En realidad, me tom&oacute; en serio enseguida. Una reacci&oacute;n que yo no esperaba, y que de una manera vaga ella relacion&oacute; con mi "marca". Esto me disgust&oacute;, sin saber por qu&eacute;, pero lo olvid&eacute; de inmediato, ante su atento interrogatorio sobre mi sugerencia.</strong></p><p align="justify"><strong>Realmente yo hab&iacute;a visto esa escalera que, dado mi temperamento romanticoide, me sugiri&oacute; algunas ideas que trataba de aprovechar para mis escritos. Pero lo importante, para m&iacute;, era el lugar donde estaba.</strong></p><p align="justify"><strong>Para llegar a aquel lugar era preciso cruzar, a pie -la circulaci&oacute;n rodada estaba rigurosamente prohibida-, "mi" jard&iacute;n.</strong></p><p align="justify"><strong>Durante el paseo hasta nuestro destino, a trav&eacute;s de largas y bien delineadas arboledas alternando con sinuosos caminos cubiertos hasta ocultar el sol, le fui comentando mis impresiones, ech&aacute;ndole imaginaci&oacute;n, y se&ntilde;alando lo que en el trayecto hab&iacute;a ido llamando mi atenci&oacute;n.</strong></p><p align="justify"><strong>Su inter&eacute;s me segu&iacute;a sorprendiendo, pero disfrut&eacute; vi&eacute;ndola callada durante tanto tiempo seguido: Quiz&aacute; hab&iacute;a entendido, por fin, que nosotros no pod&iacute;amos hacer nada pr&aacute;ctico, y que era mejor aprovechar ese corto periodo en blanco para hacer turismo disperso, de sensaciones...</strong></p><p align="justify"><strong>Quiz&aacute; me estaba dando una tregua.</strong></p><p align="justify"><strong>Yo lo disfrut&eacute; lo mismo.</strong></p><p align="justify"><strong>No quise pensar en lo que opinar&iacute;a mi editor de estas improvisadas vacaciones...</strong></p><p align="justify"><strong>Mi escalera estaba, geogr&aacute;ficamente, en lo que pod&iacute;a ser el centro de aquel inmenso vergel.</strong></p><p align="justify"><strong>La forma que toma el jard&iacute;n la delimitaban dos fronteras: Una natural y sinuosa que forman los meandros del r&iacute;o, separada su ribera del jard&iacute;n por una larga muralla de piedra, abierta en insospechados embarcaderos en tramos irregulares, que segu&iacute;a el curso del r&iacute;o, y la otra artificial y lineal, en forma de verja de hierro fundido entramada en columnas de ladrillo macizas rematadas por adornos de piedra. Ambas de kil&oacute;metros de largo.</strong></p><p align="justify"><strong>En el extremo donde el puente sobre el Tajo da acceso a la poblaci&oacute;n, se unen las dos. En el opuesto, se abre en grandes sotos de ribera que se prolongan hasta las huertas, por lo que, a grandes rasgos, el jard&iacute;n se puede considerar un gran tri&aacute;ngulo is&oacute;sceles -no quiero saber de d&oacute;nde procede este lenguaje tan t&eacute;cnico que de un tiempo a esta parte est&aacute; estropeando mis novelas, supongo que el doctor resulta en definitiva una mala influencia...-, cuya base cerrara el mismo r&iacute;o en amplia curva.</strong></p><p align="justify"><strong>Como sea, por capricho Real probablemente, o por intuici&oacute;n de alguno de los experimentados jardineros que lo fueron trazando, hacia su centro se construy&oacute;, porque el natural del valle es llano, una aparentemente absurda monta&ntilde;a artificial.</strong></p><p align="justify"><strong>Denominada "Rusa" sin ning&uacute;n motivo m&aacute;s que el de ser una rareza.</strong></p><p align="justify"><strong>Sirve de mirador y de adorno, y sus laderas est&aacute;n pobladas de diversos &aacute;rboles de gran tama&ntilde;o, arbustos, bamb&uacute;es, especies ex&oacute;ticas o de otras latitudes, en imposible mezcolanza, y tapizadas de fresas silvestres.</strong></p><p align="justify"><strong>Su altura no ser&iacute;a notable si no fuera porque es la &uacute;nica prominencia en kil&oacute;metros. Pero su inserci&oacute;n en el interior del jard&iacute;n, rodeada de &aacute;rboles de gran porte, la hace invisible desde el exterior, confundida su masa vegetal con el resto de elevadas copas que se mezclan con las plantadas en su pendiente.</strong></p><p align="justify"><strong>Se distingue claramente sin embargo su cima, porque est&aacute; rematada por un templete de madera coloreado en verde intenso y blanco que cumple la misi&oacute;n de mirador, y de refugio.</strong></p><p align="justify"><strong>Llegar all&iacute; no lleva m&aacute;s de veinte minutos, paseando, si se sigue el trazado de calles y caminos; algo m&aacute;s si se atraviesan las masas de bosques siguiendo senderos delineados en forma aleatoria por los que se evita el camino real, sin que suponga un atajo seguirlos, ya que no es ese su objeto.</strong></p><p align="justify"><strong>Vienen estos senderos marcados m&aacute;s bien por &aacute;rboles singulares o macizos ex&oacute;ticos, aut&oacute;ctonos o aclimatados. O por alguna fuente, que en este jard&iacute;n est&aacute;n ocultas y accesibles tan s&oacute;lo por caminos que no las anuncian, sino que las muestran por sorpresa.</strong></p><p align="justify"><strong>Y a pesar de su posici&oacute;n c&eacute;ntrica, si seguimos el camino que llam&eacute; real, es posible que la "monta&ntilde;a rusa" nos pase inadvertida, porque se aparta de &eacute;ste, como si no quisiera ser una parada hacia otro lugar, sino un destino en s&iacute; misma.</strong></p><p align="justify"><strong>Por supuesto, eleg&iacute; los caminos ocultos, que yo hab&iacute;a llegado a conocer lo suficiente como para no perder la orientaci&oacute;n.</strong></p><p align="justify"><strong>Fui coment&aacute;ndole lo que hab&iacute;a yo aprendido por m&iacute; mismo, y lo que viejos y j&oacute;venes amantes del jard&iacute;n, que sab&iacute;an cu&aacute;ndo y d&oacute;nde una nueva especie hab&iacute;a sido plantada, o hab&iacute;a brotado de forma espont&aacute;nea, y conoc&iacute;an algunos &aacute;rboles por su nombre de bautismo, adem&aacute;s del latino, me quisieron ense&ntilde;ar en diferentes paseos de placer, sin meta.</strong></p><p align="justify"><strong>Hasta hace unos veinte a&ntilde;os, cuando noviembre iba mediado y hasta mediados de diciembre, los jardineros trepaban a los &aacute;rboles para varear las ramas y coger las pacanas. Conoc&iacute;an los pacanos por el fruto y los designaban con antiguos nombres propios tan peculiares como: "Espatarrao", "Camello", "Banderilla", "Chiquit&iacute;n", "Pi&ntilde;&oacute;n", "Blanquillo", "Rayao", ...</strong></p><p align="justify"><strong>Eug&egrave;ne me pregunt&oacute; por algunas especies o &aacute;rboles notables, no s&eacute; si por inter&eacute;s, o por saber hasta qu&eacute; punto yo sab&iacute;a de qu&eacute; hablaba.</strong></p><p align="justify"><strong>Si era esto &uacute;ltimo, sin duda me descubri&oacute;, porque yo no hab&iacute;a sido buen alumno y s&oacute;lo me quedaban en la memoria los detalles que me impresionaban por motivos que nada ten&iacute;an que ver con la bot&aacute;nica...</strong></p><p align="justify"><strong>Pero pareci&oacute; conforme con mis aventuradas explicaciones.</strong></p><p align="justify"><strong>No hubiera sido igual si hubi&eacute;ramos hablado de especies de vid, pongamos por caso. Yo sab&iacute;a, por experiencia, que era un terreno resbaladizo con ella.</strong></p><p align="justify"><strong>El caso es que llegamos al pie de la monta&ntilde;a casi sin darnos cuenta.</strong></p><p align="justify"><strong>Subir a la monta&ntilde;a era sencillo: Bastaba elegir cualquiera de los caminos bordeados de setos o hileras de cipreses que, en espirales paralelas, conflu&iacute;an en la cima.</strong></p><p align="justify"><strong>Pero nuestro objetivo no era, en principio, ese.</strong></p><p align="justify"><strong>Yo sab&iacute;a que exist&iacute;a otro acceso, menos evidente, aunque no oculto.</strong></p><p align="justify"><strong>Se trataba de una estrecha escalera p&eacute;trea, de cortos escalones de piedra pulida y gran pendiente, amurallada de ladrillos, y que pod&iacute;a suponer un atajo por su vertical desnivel, pero que apenas era utilizada porque los caminos en rampa eran mucho m&aacute;s c&oacute;modos y agradables para un ascenso sin prisa.</strong></p><p align="justify"><strong>Adem&aacute;s, por estar orientado al norte, bordeada de yedra resultaba m&aacute;s sombr&iacute;a.</strong></p><p align="justify"><strong>Lo curioso, y yo trataba de interesar por ello a Eug&egrave;ne, es que, a trav&eacute;s de algunas fisuras de la piedra donde el agua hab&iacute;a erosionado los bordes, se pod&iacute;a comprobar la oquedad de toda la monta&ntilde;a. No estaba hecha, deduje, por acumulaci&oacute;n de piedras y tierra, sino recubierta por una capa de tierra sobre lo que pod&iacute;a ser un cono o pir&aacute;mide, en cuyo interior me pregunt&eacute; qu&eacute; pod&iacute;a haber. Y ahora se lo preguntaba a Eug&egrave;ne, que miraba, desde el pie de la escalera, hacia arriba, comprobando le existencia de las oscuras aberturas que yo le hab&iacute;a indicado.</strong></p><p align="justify"><strong>Y de forma pr&aacute;ctica, tras subir algunos escalones, se inclin&oacute; y chill&oacute; de forma aguda, sin avisar, a trav&eacute;s de la grieta de un escal&oacute;n que ofrec&iacute;a m&aacute;s amplitud al interior, por rotura, recibiendo en respuesta un eco sordo que confirmaba mis sospechas. Mi natural pudor me hubiera prohibido, caso de ocurr&iacute;rseme, soltar un grito de esa catadura. Yo, en su momento, hab&iacute;a deslizado por una grieta superior una piedrecilla que son&oacute; al poco sobre lo que parec&iacute;a enlosado, piedra sobre piedra.</strong></p><p align="justify"><strong>La conclusi&oacute;n era la misma.</strong></p><p align="justify"><strong>Eug&egrave;ne admiti&oacute; que el lugar era para tomarlo en consideraci&oacute;n, y ya hab&iacute;a localizado, detr&aacute;s del muro que flanqueaba la escalera, una peque&ntilde;a puerta verde met&aacute;lica, que parec&iacute;a incrustada en la piedra misma.</strong></p><p align="justify"><strong>La proximidad de una hilera de invernaderos, algunos aperos de jardiner&iacute;a y un botijo en uso delataban la probable utilidad de lo que fuera que hubiera tras la puerta, que estaba cerrada con un candado que Eug&egrave;ne examin&oacute; con atenci&oacute;n, aunque no hizo nada m&aacute;s con &eacute;l.</strong></p><p align="justify"><strong>Olvid&oacute; la escalera, sin comentar, y eligi&oacute; una de las subidas en rampa de tierra que comenzaba en un arco formado por el entramado de dos cipreses, y que arrancaba su ascensi&oacute;n muy cerca.</strong></p><p align="justify"><strong>Me tom&oacute; la mano y me condujo, en silencio, hacia arriba, por entre los setos que hac&iacute;an de barrera hacia el exterior y el talud de tierra interior donde se alternaban macizos de flores de temporada con fresas florecidas en peque&ntilde;os p&eacute;talos blancos, apuntando en amarillo su fruto, seg&uacute;n la orientaci&oacute;n de la falda fuera norte o sur. Tom&oacute; de paso una fragante fresa madura que no hab&iacute;a sido detectada por los madrugadores p&aacute;jaros especializados en ello, y me la ofreci&oacute;, sin dejar de andar despacio, mientras saboreaba la que con anterioridad hab&iacute;a recolectado para s&iacute;.</strong></p><p align="justify"><strong>Tras un corto espacio de tiempo, distra&iacute;dos con el privilegiado acceso al paisaje que se nos iba mostrando todo alrededor de la monta&ntilde;a, llegamos a la cima y entramos en el pabell&oacute;n de madera policromada.</strong></p><p align="justify"><strong>Dentro, en la penumbra de la tracer&iacute;a que contrastaba con el brillante d&iacute;a, cuando la visi&oacute;n se adaptaba al s&uacute;bito cambio, se prolongaba un banco de madera adosado a las paredes, aunque para mirar el paisaje que se ofrec&iacute;a desde aquella altura era preciso arrodillarse apoy&aacute;ndose en el marco de las arcadas, sobre el banco, cosa que hicimos, para contemplar el techo de la gran masa arb&oacute;rea que se extend&iacute;a en todas direcciones, rayada de caminos trazados con suficiente ancho para no quedar cubiertos por las copas.</strong></p><p align="justify"><strong>Los senderos resultaban invisibles, y solo algunos claros cultivados de hortalizas, para justificar la antigua huerta, frutales bien alineados, m&aacute;s bajos, o algunas zonas de "parterre" clareaban el inmenso mar verde de variados matices, del que emanaban mezclados diferentes aromas, arrullos de palomas ocultas entre las espesas ramas, y otros sonidos supuestamente naturales dif&iacute;ciles de identificar.</strong></p><p align="justify"><strong>La avanzada primavera se manten&iacute;a viva en este rinc&oacute;n por obra de los experimentados jardineros que se ocupaban de ello, continuadores de los expertos jardineros que lo dise&ntilde;aron.</strong></p><p align="justify"><strong>Tras un rato de contemplaci&oacute;n silenciosa, Eug&egrave;ne pareci&oacute; encontrar insospechadas similitudes entre aquellos bancos adosados a la pared, evidentemente bo pensados para una larga contemplaci&oacute;n, y los de "la Teter&iacute;a". Con el fondo de los p&aacute;jaros, sin alcohol, decidi&oacute; que por qu&eacute; no aprovechar el parecido.</strong></p><p align="justify"><strong>Le hubiera preguntado por sus impresiones sobre "mi" jard&iacute;n, pero pens&eacute;, mientras trataba de acomodarme al estrecho apoyo, que pod&iacute;a esperar a la bajada...</strong></p><p align="justify"><strong>Sin embargo el aviso de la llegada de un inoportuno SMS interrumpi&oacute; nuestra conversaci&oacute;n sin palabras.</strong></p><p align="justify"><strong>&iexcl;Vaya!</strong></p><p align="justify"><strong>El hechizo se deshizo.</strong></p><p align="justify"><strong>El doctor le hab&iacute;a enviado a Eug&egrave;ne un mensaje de cuatro letras, que ella se apresur&oacute; a leer, perpleja:</strong></p><p align="justify"><strong>"Buda".</strong></p><p align="justify"><strong>-&iexcl;Vamos! &ndash;Eug&egrave;ne me arrastr&oacute; literalmente, en loco descenso y absurda carrera, hasta la puerta m&aacute;s cercana del jard&iacute;n, mientras deliraba sin sentido, murmurando para s&iacute; misma.</strong></p><p align="justify"><strong>-Buda, la India, el Tibet, &iexcl;Oriente!...</strong></p><p align="justify"><strong>Hab&iacute;a hablado con el doctor, que estaba al parecer de camino.</strong> </p>]]></description><pubDate>Fri, 08 Dec 2006 08:42:00 +0000</pubDate></item><item><title>El documento</title><link>https://sereira.blogia.com/2006/111801-el-documento.php</link><guid isPermaLink="true">https://sereira.blogia.com/2006/111801-el-documento.php</guid><description><![CDATA[<p><strong><em>Martes, a tantos de tantos... Lo que conten&iacute;a el tubo.</em></strong> </p><p align="justify"><strong>Cuaderno de campo de Juan T. Volta sobre lo encontrado en el s&oacute;tano de la corrala.</strong></p><p align="justify"><strong>(Dije que no iba a llevar un Cuaderno de campo; y he cumplido hasta ahora. Pero me he encontrado con que &uacute;nicamente poseo notas mentales sueltas sobre las explicaciones y comentarios que nos hizo el doctor Sim&oacute;n, en una tarde, y que yo intent&eacute; resumir por la noche, para ver si me hab&iacute;a enterado de algo. Con poco &eacute;xito. Transcribo las notas, y los comentarios que se me van ocurriendo. T&eacute;cnica y cient&iacute;ficamente, no poseo formaci&oacute;n, por lo que se deben disculpar las inexactitudes, que sin duda me son achacables, y no al doctor.)</strong></p><p align="justify"><strong>Interior del tubo.</strong></p><p align="justify"><strong>Preguntas:</strong></p><p align="justify"><strong>&iquest;D&oacute;nde est&aacute; el subterr&aacute;neo, s&oacute;tano, t&uacute;nel, cripta?&iquest;C&oacute;mo se llega all&iacute;?</strong></p><p align="justify"><strong>El tubo debe contener la informaci&oacute;n que nos lleve a tal lugar, presumiblemente subterr&aacute;neo, en el cual o desde el cual se accede a una puerta.</strong></p><p align="justify"><strong>Creemos que &eacute;sta es la informaci&oacute;n que vamos a encontrar en el tubo.</strong></p><p align="justify">&nbsp;</p><p align="justify"><strong>Comentarios sobre el texto:</strong></p><p align="justify"><strong>Ciclo de textos. Antes de Piscis, Egipto, Sumeria, lenguaje cuneiforme &iquest;legible?, Piscis, legible, Acuario, legible, siguiente, ilegible, Vertical, &iquest;oriental?...</strong></p><p align="justify">&nbsp;</p><p align="justify"><strong>Descripci&oacute;n:</strong></p><p align="justify"><strong>Papiro, becerro, piel &iquest;de qu&eacute; animal o persona?, pergamino de P&eacute;rgamo.</strong></p><p align="justify"><strong>El material sobre el que est&aacute; el escrito es fin&iacute;simo y sin embargo resistente, oscurecido por el tiempo de forma natural, o artificial para su conservaci&oacute;n, como una patina.</strong></p><p align="justify"><strong>Los ejes brillan, sin &oacute;xido, en tono mate, sin huella del paso del tiempo &iquest;De qu&eacute; material est&aacute; hecho?</strong></p><p align="justify"><strong>Cerrado es un cilindro de unos diez cent&iacute;metros de largo, con un di&aacute;metro de poco m&aacute;s de un cent&iacute;metro.</strong></p><p align="justify"><strong>Desenrollado tiene unos quince cent&iacute;metros de largo, por unos diez de ancho.</strong></p><p align="justify"><strong>El mecanismo salta autom&aacute;ticamente por contacto.</strong></p><p align="justify"><strong>Pero no es seguro que lo pueda disparar cualquier persona o circunstancia.</strong></p><p align="justify"><strong>Decide aparentemente por s&iacute; mismo, bas&aacute;ndose en un abanico de datos que recoge de la piel que lo sostiene, su apertura o cierre.</strong></p><p align="justify"><strong>Como comentario, dir&eacute; que Eug&egrave;ne y Mila lo manipulan a voluntad, el doctor con dificultad. Yo de forma aleatoria...</strong></p><p align="justify"><strong>Al desenrollarse, se extiende por los extremos y aparece el texto.</strong></p><p align="justify"><strong>En un vistazo general, parece dividido en p&aacute;rrafos, de tama&ntilde;o similar, sin enmarcar, sin encabezamiento ni firma, sin fechas.</strong></p><p align="justify"><strong>El rollo adopta forma circular, es decir no tiene cabecera ni final. Es un arrollamiento sobre dos ejes continuos donde no se distingue uni&oacute;n.</strong></p><p align="justify"><strong>El texto est&aacute; dividido claramente en sectores o "p&aacute;rrafos" cuyo contenido no se aprecia a simple vista. Es necesaria, como hab&iacute;amos supuesto, una &oacute;ptica muy potente para distinguir signos diferenciados, pero s&iacute; se perciben los bloques o p&aacute;rrafos. Como un microfilm.</strong></p><p align="justify"><strong>El n&uacute;mero total de p&aacute;rrafos o divisiones es de trece.</strong></p><p align="justify"><strong>Los textos, seg&uacute;n el doctor, parecen coincidir con eras astrol&oacute;gicas. Trece, porque incluyen a Ofiuco. Parece seguir el ciclo astron&oacute;mico, no el astrol&oacute;gico, primitivo.</strong></p><p align="justify"><strong>En un primer vistazo, con una lupa que el doctor tra&iacute;a, se distinguen alfabetos reconocibles en cuatro ocasiones, dos de ellas consecutivas. Reconocibles no quiere decir traducibles, entendibles.</strong></p><p align="justify"><strong>Otros signos resultan desconocidos. En dos de ellos, alternos, las l&iacute;neas se ordenan verticalmente, como en chino, pero los signos son claramente diferentes del chino o graf&iacute;a similar. Otro parece dispuesto para ser le&iacute;do de derecha a izquierda, como el &aacute;rabe.</strong></p><p align="justify"><strong>La superficie de lo que llamo p&aacute;rrafos var&iacute;a de uno a otro. Algunos se ven m&aacute;s densos o largos que otros.</strong></p><p align="justify"><strong>Se intuye, sin embargo, que se trata de textos muy similares, si no id&eacute;nticos en significado. En otras circunstancias se podr&iacute;a pensar en una nueva piedra Roseta, salvo que estos textos no estaban destinados a ser publicados en ninguna forma. Y no se ve&iacute;a que ninguno nos pudiera servir de referencia con facilidad.</strong></p><p align="justify"><strong>Ser&iacute;a importante detectar si realmente el papiro pretende ser circular, o existe alguna uni&oacute;n clara que se pueda tomar como inicio, y tan s&oacute;lo se trata de un ingenioso mecanismo para usar con comodidad, lo que indicar&iacute;a sucesi&oacute;n, o ciclos.</strong></p><p align="justify"><strong>De no darse esta uni&oacute;n que implique principio y fin, estar&iacute;amos ante un sistema circular, repetitivo, de eterno retorno...</strong></p><p align="justify"><strong>Todo ello est&aacute; relacionado con la concepci&oacute;n del tiempo y el espacio del autor o autores. Aunque a m&iacute; me suena todo a chino, para Eug&egrave;ne y Mila parece tener sentido.</strong></p><p align="justify"><strong>Del an&aacute;lisis de los p&aacute;rrafos que parecen asequibles, quiz&aacute; se desprenda algo.</strong></p><p align="justify"><strong>En cuanto al material de que est&aacute; construido el artilugio, tanto el presunto pergamino soporte como los ejes que lo permiten girar, prefiero no ser muy curioso, en principio. No quiero a&ntilde;adir cuestiones t&eacute;cnicas a mi ya saturada mente de preguntas sin respuesta. (Se puede hablar de similitudes con materiales conocidos, a la vez que de discrepancias notables).</strong></p><p align="justify"><strong>De una primera aproximaci&oacute;n no se deduce una edad reciente, ni lejana. Da la sensaci&oacute;n de nuevo y viejo a la vez. Su peso: resulta sorprendentemente liviano, a&uacute;n considerando su contenido y su tama&ntilde;o.</strong></p><p align="justify">&nbsp;</p><p align="justify"><strong>Notas tomadas sobre las informaciones del doctor Sim&oacute;n</strong></p><p align="justify"><strong>(Incompletas e inexactas, debido al desconocimiento de la teor&iacute;a general que manejan el doctor, Eug&egrave;ne,... &iexcl;y Mila!)</strong></p><p align="justify">&nbsp;</p><p align="justify"><strong>Consideraciones sobre "el tubo" y sus implicaciones:</strong></p><p align="justify">&nbsp;</p><p align="justify"><strong>El mecanismo es sencillo de comprender, aunque no as&iacute; de qu&eacute; forma se ha podido perge&ntilde;ar, puesto que hay que tener en cuenta que se deben dar una serie de circunstancias que no son casuales, que deben ser calculadas con antelaci&oacute;n para que se den en una &eacute;poca determinada.</strong></p><p align="justify"><strong>El c&aacute;lculo se puede hacer sin demasiadas dificultades. Los conocimientos astron&oacute;micos, en paralelo con los astrol&oacute;gicos, pertenecen a los inicios de la raza humana, y disponiendo de plazos de tiempo inmensos y tomando unas referencias con alto grado de inmutabilidad, la situaci&oacute;n llega a ser previsible, como demuestran los monumentos megal&iacute;ticos, entre otros.</strong></p><p align="justify"><strong>Sin embargo en este caso se da una combinaci&oacute;n en que ya no resulta v&aacute;lido el razonamiento cl&aacute;sico, puesto que lo que se sugiere en el documento no depende tan s&oacute;lo de c&aacute;lculos matem&aacute;ticos cartesianos m&aacute;s o menos precisos sino que hace intervenir claramente el factor humano en una forma que actualmente nos resulta incomprensible.</strong></p><p align="justify"><strong>Las matem&aacute;ticas que intervienen aqu&iacute; son desconocidas casi por completo en la actualidad.</strong></p><p align="justify"><strong>La estad&iacute;stica, el dominio z, la l&oacute;gica difusa, el c&aacute;lculo de fractales, la b&uacute;squeda de los algoritmos de la inteligencia artificial, la teor&iacute;a de Super Cuerdas, son rudimentos de toda una especialidad matem&aacute;tica, precisa para comprender y elaborar semejante artilugio.</strong></p><p align="justify"><strong>Se puede calcular con bastante posibilidad de &eacute;xito sobre elementos naturales, como una monta&ntilde;a, una gran roca, una construcci&oacute;n artificial de cierto porte incluso -si bien s&oacute;lo las pir&aacute;mides han salvado este escollo temporal-. El periodo de validez resulta finalmente demasiado limitado.</strong></p><p align="justify"><strong>Pero si nos basamos en determinadas construcciones humanas, m&aacute;s ef&iacute;meras, f&aacute;cilmente alterables, y conocida adem&aacute;s su segura alteraci&oacute;n, que en estas circunstancias ha de ser intencionada, puesto que la aparente accidentalidad favorece y tiende al resultado apetecido, el mecanismo se nos hace incomprensible, tanto como las propias herramientas matem&aacute;ticas que lo hacen posible, porque implican la colaboraci&oacute;n, voluntaria o no, de personas y sociedades. Hacen intervenir, fundi&eacute;ndolas, psicolog&iacute;a, sociolog&iacute;a, estad&iacute;stica...</strong></p><p align="justify"><strong>Existe una opci&oacute;n evidente a considerar: Que el documento sea falso, ap&oacute;crifo, que no posea la antig&uuml;edad que pretende, que sea relativamente reciente.</strong></p><p align="justify"><strong>Esto implicar&iacute;a una burla,... o una trampa.</strong></p><p align="justify"><strong>Otra opci&oacute;n llevar&iacute;a al conocimiento del futuro, desde su inclusi&oacute;n en el tiempo, hasta un extremo incre&iacute;blemente absurdo.</strong></p><p align="justify"><strong>Una tercera, no menos incre&iacute;ble, pero de la que aparecen algunos factores que la abonan, es la posibilidad de manipular el tiempo.</strong></p><p align="justify"><strong>Al enfrentar estas opciones, se puede optar por la fe sin m&aacute;s, y abandonar nuestra natural tendencia a entender.</strong></p><p align="justify"><strong>La hip&oacute;tesis del doctor es que Mila desencaden&oacute;, bajo nuestra influencia, la "creaci&oacute;n" del tubo en un sitio donde no estuvo nunca y ahora est&aacute; siempre. La paradoja forma parte de todos los estudios sobre el tiempo.</strong></p><p align="justify">&nbsp;</p><p align="justify"><strong>Conclusiones y l&iacute;neas de actuaci&oacute;n</strong></p><p align="justify">&nbsp;</p><p align="justify"><strong>Dado que, l&oacute;gicamente, en mi apartamento no hay parafernalia para el tipo de estudio que el doctor necesita realizar, ni los documentos y fuentes que debe consultar, ha optado por trasladar a Madrid el chisme a cuyo estudio y descifrado calcula que dedicar&aacute; no menos de dos d&iacute;as.</strong></p><p align="justify"><strong>En los laboratorios de la Universidad Aut&oacute;noma tiene amigos que le ayudar&aacute;n a manipular el mecanismo. En la Biblioteca Nacional espera encontrar la documentaci&oacute;n que ayude a la interpretaci&oacute;n. Tambi&eacute;n quiere consultar alg&uacute;n archivo privado que ha nombrado en forma gen&eacute;rica.</strong></p><p align="justify"><strong>Eug&egrave;ne y yo hicimos planes para dilapidar un par de d&iacute;as, con sus noches, despu&eacute;s de despedirle en la estaci&oacute;n.&nbsp;</strong> </p>]]></description><pubDate>Sat, 18 Nov 2006 09:55:00 +0000</pubDate></item><item><title>El tubo</title><link>https://sereira.blogia.com/2006/111101-el-tubo.php</link><guid isPermaLink="true">https://sereira.blogia.com/2006/111101-el-tubo.php</guid><description><![CDATA[<p align="justify"><em><strong>-Es incre&iacute;ble Mila &ndash;coment&eacute;.</strong></em>&nbsp;<strong>&nbsp;</strong></p><p align="justify"><strong>-S&iacute;, es especial &ndash;meditaba Eug&egrave;ne.</strong></p><p align="justify"><strong>Se hab&iacute;a sentado sobre la cama. Abrazaba sus rodillas sobre su pecho, bajo su barbilla, y miraba con la cabeza baja a un punto que, pasando por sus rodillas, acababa en el infinito. Pies desnudos sobre el centro de mi cama, llevaba un rato sin hablar, mientras yo preparaba algo para cenar.</strong></p><p align="justify"><strong>Cuando nos sorprendi&oacute; el pajarero, Charlie, yo no hab&iacute;a tenido tiempo de reaccionar del todo en ning&uacute;n sentido.</strong></p><p align="justify"><strong>Mila y Eug&egrave;ne se hicieron cargo de la situaci&oacute;n con habilidad, de forma que pronto salimos del s&oacute;tano sin levantar las sospechas de Charlie, que confiaba en ellas; la verdad, no s&eacute; por qu&eacute;.</strong></p><p align="justify"><strong>Al salir notamos que se nos hab&iacute;a hecho tarde, lo que confirmaba la consulta que yo hab&iacute;a hecho al reloj, que en principio supuse estropeado, y a&uacute;n me ten&iacute;a confundido.</strong></p><p align="justify"><strong>Hab&iacute;amos pasado unas cinco horas ah&iacute; abajo, a oscuras -o lo que fuera-, si mi reloj no ment&iacute;a: El pajarero hab&iacute;a tenido tiempo sobrado de abrir y volver a cerrar su tienda en su turno de tarde.</strong></p><p align="justify"><strong>Mis recuerdos eran n&iacute;tidos: no ten&iacute;a conciencia de ning&uacute;n periodo en blanco. Y sin embargo el conjunto no justificaba tal inversi&oacute;n de tiempo.</strong></p><p align="justify"><strong>Mientras preparaba unos sandwiches en el micro-ondas y algo de ensalada de escarola aderezada con aceite y lim&oacute;n, reconstru&iacute;a una y otra vez la escena.</strong></p><p align="justify"><strong>A m&iacute; la ocupaci&oacute;n manual me ayudaba a pensar. Al parecer Eug&egrave;ne necesitaba la inmovilidad t&aacute;ntrica.</strong></p><p align="justify"><strong>Otra vez, desde el principio. Trataba de comprender cu&aacute;ndo, c&oacute;mo, a causa de qu&eacute; hab&iacute;a transcurrido tan largo periodo.</strong></p><p align="justify"><strong>Me sobresalt&oacute; el timbre del micro-ondas, y el darme cuenta de que hab&iacute;a pasado por alto algo fundamental.</strong></p><p align="justify"><strong>Puse en una bandeja sandwiches, ensalada, cubiertos, agua -el vino y los vasos estaban en mi habitaci&oacute;n- y me apresur&eacute; a comentarlo con Eug&egrave;ne.</strong></p><p align="justify"><strong>Al tiempo que colocaba la bandeja delante de ella, sobre la cama, con el consiguiente peligro de accidente dom&eacute;stico, y acercaba una silla al lado de la cama, para compartir la "mesa", pregunt&eacute; a Eug&egrave;ne, que continuaba inm&oacute;vil.</strong></p><p align="justify"><strong>-&iquest;Qu&eacute; era?&iquest;Qu&eacute; era eso que tocamos?</strong></p><p align="justify"><strong>-Es un documento, una pista. No s&eacute; si &uacute;nicamente una pista, o El documento.</strong></p><p align="justify"><strong>-Pero &iquest;d&oacute;nde est&aacute;?</strong></p><p align="justify"><strong>-Lo he dejado en la mesilla de la entrada.</strong></p><p align="justify"><strong>-&iquest;S&iacute;? &ndash;me sorprend&iacute;-. No hab&iacute;a pensado en ello hasta ese mismo momento.</strong></p><p align="justify"><strong>-&iexcl;Claro!</strong></p><p align="justify"><strong>No entend&iacute; qu&eacute; es lo que estaba tan claro. Le interrogu&eacute; con la mirada.</strong></p><p align="justify"><strong>Por fin, despacio, deshizo su postura fetal para adoptar otra m&aacute;s cl&aacute;sica, reclinada como un patricio romano a punto de iniciar una org&iacute;a culinaria. Tom&oacute; un s&aacute;ndwich y un poco de escarola, sin usar cubierto alguno.</strong></p><p align="justify"><strong>Su cara recuperaba su expresi&oacute;n m&aacute;s habitual: cuando se burlaba de m&iacute;. No supe si alegrarme.</strong></p><p align="justify"><strong>Entre peque&ntilde;os bocados, empez&oacute;.</strong></p><p align="justify"><strong>-&iexcl;Come hombre! &ndash;y me ofreci&oacute; el otro s&aacute;ndwich-. La pista, o mensaje no se va a ir. Nosotros lo llamamos el tubo, sin m&aacute;s.</strong></p><p align="justify"><strong>Me hab&iacute;a levantado precipitadamente, rechazando por el momento el s&aacute;ndwich, antes de que terminara de hablar.</strong></p><p align="justify"><strong>Me acerqu&eacute; hasta la mesilla de entrada, donde algo met&aacute;lico, con pulido mate, esperaba inocentemente.</strong></p><p align="justify"><strong>Del primer vistazo, siempre he sido muy agudo, comprend&iacute; lo de "el tubo". Era muy descriptivo.</strong></p><p align="justify"><strong>Por alg&uacute;n motivo inconsciente, decid&iacute; no tocarlo.</strong></p><p align="justify"><strong>-&iexcl;Se puede tocar!&iexcl;No muerde! &ndash;escuch&eacute; desde la otra habitaci&oacute;n.</strong></p><p align="justify"><strong>Pero esto no me hizo cambiar de idea. Prefer&iacute; cenar antes. Pens&eacute; que los sobresaltos se llevan mejor con el est&oacute;mago lleno.</strong></p><p align="justify"><strong>-&iquest;Est&aacute; seguro ah&iacute;? &ndash;coment&eacute;, aunque con una preocupaci&oacute;n limitada: En realidad, ten&iacute;a hambre.</strong></p><p align="justify"><strong>-Mejor que en una caja fuerte, no te preocupes &ndash;sigui&oacute; a lo suyo con la escarola y el s&aacute;ndwich-.Termina de cenar. Ahora vamos a salir un rato a tomar algo, y te cuento lo que yo s&eacute;.</strong></p><p align="justify"><strong>-&iexcl;Qu&eacute; detalle!</strong></p><p align="justify"><strong>-Ma&ntilde;ana podemos proceder al an&aacute;lisis, lo que llevar&aacute; su tiempo. Probablemente necesitemos ayuda.</strong></p><p align="justify"><strong>Decid&iacute; confiar en ella.&iexcl;Qu&eacute; remedio! Terminamos de cenar sin volver a hablar, pensativos o concentrados en el queso y el jam&oacute;n.</strong></p><p align="justify"><strong>Observ&eacute; que ella hab&iacute;a preferido vino esa noche: Un tinto de Burdeos que yo guardaba para grandes ocasiones, en lugar de agua del grifo, como era habitual.</strong></p><p align="justify"><strong>(...)</strong></p><p align="justify"><strong>Como supon&iacute;amos, "la Teter&iacute;a" estaba bastante despejada. S&oacute;lo gente sin horario, como nosotros, andaba entre semana a aquellas horas por all&iacute;.</strong></p><p align="justify"><strong>Eug&egrave;ne me llev&oacute; al rinc&oacute;n del sal&oacute;n oriental despu&eacute;s de haber encargado unos combinados, que nos trajeron inmediatamente, y nos dispusimos a invertir una buena cantidad de tiempo en alargar los combinados y, esperaba yo, aclarar un poco el cisco en que me estaban metiendo Eug&egrave;ne y sus "amigos".</strong></p><p align="justify"><strong>Antes de salir hab&iacute;amos observado con m&aacute;s detenimiento el tubo, que ciertamente no mord&iacute;a y ten&iacute;a un aspecto de lo m&aacute;s inofensivo. Eug&egrave;ne prometi&oacute; contarme todo lo que sab&iacute;a al respecto, y en eso est&aacute;bamos.</strong></p><p align="justify"><strong>Pero ella no parec&iacute;a tener prisa, y yo estaba superando el estr&eacute;s y empezaba a pensar, vagamente, en posponer el asunto y aprovechar la noche en otros menesteres m&aacute;s primarios.</strong></p><p align="justify"><strong>Cuando asom&oacute; Mila.</strong></p><p align="justify"><strong>-Hola &ndash;se acerc&oacute; sin m&aacute;s, y se sent&oacute; al lado de Eug&egrave;ne.</strong></p><p align="justify"><strong>-Hola &iquest;C&oacute;mo t&uacute; por aqu&iacute; &ndash;pregunt&eacute;-, sola?</strong></p><p align="justify"><strong>-Le telefone&eacute; que viniera &ndash;me inform&oacute; Eug&egrave;ne, deferentemente- Hola Mila.</strong></p><p align="justify"><strong>No era &eacute;ste mi plan...</strong></p><p align="justify"><strong>-S&iacute;. Has estado muy afectado para asumir lo que ha pasado &ndash;trat&oacute; de explicarme.</strong></p><p align="justify"><strong>Yo me sent&iacute;a, y mi cara lo delataba, molesto, por no enterarme de nada, y por el cambio en los planes que yo estaba haciendo por mi cuenta.</strong></p><p align="justify"><strong>No es que no apreciara la presencia de Mila. Me ca&iacute;a bien, pero...</strong></p><p align="justify"><strong>Como siempre, Eug&egrave;ne pareci&oacute; leer mis pensamientos.</strong></p><p align="justify"><strong>-Le dije que viniera, mientras preparabas la cena &ndash;dijo.</strong></p><p align="justify"><strong>Y yo pensando que hac&iacute;a yoga... Ni me enter&eacute;. No me entero de nada.</strong></p><p align="justify"><strong>Mila escuchaba, sin decir nada. Hab&iacute;a pedido algo al entrar al pub, y ahora se lo tra&iacute;an. Evidentemente, no estaba de paso.</strong></p><p align="justify"><strong>-Es simp&aacute;tico tu amigo, el pajarero &ndash;Eug&egrave;ne hablaba con Mila ahora.</strong></p><p align="justify"><strong>-&iquest;Carlos?, &iquest;Charlie? S&iacute;.</strong></p><p align="justify"><strong>-Por un instante sospech&eacute; de &eacute;l.&iexcl;Cu&aacute;ndo apareci&oacute; as&iacute;, de pronto! Cre&iacute; que nos hab&iacute;an descubierto.</strong></p><p align="justify"><strong>-Lo que pasa es que no hab&iacute;amos calculado los tiempos.</strong></p><p align="justify"><strong>Escuchaba a Mila con atenci&oacute;n. Me daba la impresi&oacute;n de escuchar a otra persona diferente de la que yo cre&iacute;a conocer.</strong></p><p align="justify"><strong>Call&eacute; de momento, esperando mi oportunidad de sorprenderlas con alguna cuesti&oacute;n aguda y fundamental que, extra&iacute;da de mi agudo punto de vista, las sorprendiera. Aunque no la vislumbraba, la verdad.</strong></p><p align="justify"><strong>Mila sigui&oacute; hablando, con un control de la situaci&oacute;n insospechado.</strong></p><p align="justify"><strong>-Yo tambi&eacute;n pens&eacute; en una traici&oacute;n, pero al ver a Charlie me tranquilic&eacute;. Nos conocemos de toda la vida. Pero t&uacute; no perdiste el tiempo.</strong></p><p align="justify"><strong>-Ten&iacute;a que estar preparada para cualquier cosa. Hice desaparecer el tubo de inmediato, nada m&aacute;s encenderse la luz. Aunque si hubi&eacute;ramos sido traicionados, en la situaci&oacute;n en que est&aacute;bamos, puede que hubiera sido in&uacute;til.</strong></p><p align="justify"><strong>-&iquest;D&oacute;nde lo escondiste? &ndash;pregunt&eacute;, mientras valoraba las posibilidades en cuanto al tama&ntilde;o del artilugio y las opciones de ocultaci&oacute;n de que dispon&iacute;a Eug&egrave;ne: Camiseta negra sin hombros, ce&ntilde;ida, sin sujetador, shorts cort&iacute;simos, sandalias,...</strong></p><p align="justify"><strong>-No te importa &ndash;las dos me miraron con cara de enfado-. Lo llevaba encima cuando salimos. Eso debe bastar.</strong></p><p align="justify"><strong>Bueno. Parece que yo era el tonto de la pel&iacute;cula. A callar. Observ&eacute; que hab&iacute;a cambiado el short por un pantal&oacute;n vaquero que debi&oacute; olvidar en casa en alg&uacute;n otro momento. Tampoco recordaba tal cambio. La camiseta segu&iacute;a siendo la misma. Estaba deliciosa, pens&eacute;, para consolarme de mi est&uacute;pida ignorancia.</strong></p><p align="justify"><strong>Mila sonre&iacute;a ahora, observando mi expresi&oacute;n cambiante y la direcci&oacute;n evidente de mis miradas.</strong></p><p align="justify"><strong>-Los detalles no son importantes &ndash;zanj&oacute; Mila, mir&aacute;ndonos a ambos condescendiente, en una actitud que yo no entend&iacute;a- Mis conocimientos, como sabes, son limitados.</strong></p><p align="justify"><strong>Ahora se dirig&iacute;a a Eug&egrave;ne, obvi&aacute;ndome de nuevo.</strong></p><p align="justify"><strong>-Empecemos por el principio &ndash;Eug&egrave;ne se dirigi&oacute; a ambos- El tubo...</strong></p><p align="justify"><strong>-&iexcl;Vaya manera despectiva de referirte al artilugio! &ndash;dije. Pero ella continuo, como si no me hubiera o&iacute;do.</strong></p><p align="justify"><strong>-El tubo &ndash;repiti&oacute;- se hallaba bajo la marca. Apareci&oacute; ante la invocaci&oacute;n...</strong></p><p align="justify"><strong>-&iquest;Cual invocaci&oacute;n? &ndash;ninguna de ellas me hizo caso. Me sent&iacute;a transparente.</strong></p><p align="justify"><strong>-... y aunque yo no conoc&iacute;a los detalles del proceso, en l&iacute;neas generales se ajustaba a lo esperado.</strong></p><p align="justify"><strong>Antes de que yo hiciera otro comentario, con respecto al proceso esta vez, ya Eug&egrave;ne hab&iacute;a puesto su dedo sobre mis labios. A callar de nuevo. &iexcl;Se&ntilde;or!, &iexcl;S&iacute;, se&ntilde;or!, grr..</strong></p><p align="justify"><strong>-La cuesti&oacute;n ahora es averiguar si hemos hallado un mecanismo aut&eacute;ntico. Si la pista es eficaz. Si no es un tubo falso o enga&ntilde;oso.</strong></p><p align="justify"><strong>-&iquest;C&oacute;mo sabemos si es falso?</strong></p><p align="justify"><strong>-S&oacute;lo podemos seguir las indicaciones y ver a d&oacute;nde nos conducen.</strong></p><p align="justify"><strong>A ella s&iacute; le hac&iacute;a caso.</strong></p><p align="justify"><strong>-&iquest;No es peligroso?</strong></p><p align="justify"><strong>-No tiene por qu&eacute; serlo. Simplemente podr&iacute;a perdernos en el tiempo.</strong></p><p align="justify"><strong>-&iexcl;Vaya gracia!&iquest;No? &ndash;pude intercalar, apartando su mano de mi cara un momento.</strong></p><p align="justify"><strong>-S&oacute;lo los no iniciados se pierden en el tiempo &ndash;dijo, coreada por Mila.</strong></p><p align="justify"><strong>-Me consuelas &iexcl;C&oacute;mo yo soy un experto!</strong></p><p align="justify"><strong>-No te preocupes mientras est&eacute;s conmigo.</strong></p><p align="justify"><strong>-Incluso yo &ndash;dijo Mila, para animarme- podr&iacute;a echarte una mano si fuera preciso...</strong></p><p align="justify"><strong>Soy el tonto de la pel&iacute;cula, pens&eacute; de nuevo.</strong></p><p align="justify"><strong>-Soy el tonto de la pel&iacute;cula &ndash;dije resignado. Pero ninguna de las dos me contest&oacute;.</strong></p><p align="justify"><strong>-El descifrado llevar&aacute; algo de tiempo, pero no mucho &ndash;dijo Eug&egrave;ne- tenemos experiencia.</strong></p><p align="justify"><strong>-En eso no te puedo ayudar &ndash;dijo Mila.</strong></p><p align="justify"><strong>-Hablar&eacute; con don Sim&oacute;n, el doctor, para aligerar.</strong></p><p align="justify"><strong>Mila me mir&oacute; ahora, estudiando mi expresi&oacute;n. Estaba yo un poco cabizbajo.</strong></p><p align="justify"><strong>Acab&oacute;, de un trago, su consumici&oacute;n. Algo sin alcohol, a juzgar por el largo trago. No s&eacute;.</strong></p><p align="justify"><strong>-Yo tengo que madrugar &ndash;dijo al fin-. El viernes podemos quedar. Mi novio se va todo el fin de semana a una concentraci&oacute;n motera. Yo eso no lo soporto.</strong></p><p align="justify"><strong>Se me pas&oacute; por la imaginaci&oacute;n la cara del pobre novio de Mila, tan simp&aacute;tico, tan complaciente, tan estrafalario vistiendo... Hoy me sent&iacute;a solidario con &eacute;l.</strong></p><p align="justify"><strong>-Te llamo &ndash;dijo Eug&egrave;ne-. No pagues al salir, te invitamos.</strong></p><p align="justify"><strong>Mila se levant&oacute;, se despidi&oacute; con la mano, y se dirigi&oacute; a la puerta, sin m&aacute;s.</strong></p><p align="justify"><strong>Yo estaba bastante malhumorado. Se me hab&iacute;an pasado las ganas de...</strong></p><p align="justify"><strong>Ella se recost&oacute; sobre m&iacute;. Roz&oacute; su mejilla sobre la m&iacute;a. Murmur&oacute; algo sobre su cansancio, mientras frotaba su mejilla y sus labios sobre mi cara.</strong></p><p align="justify"><strong>Yo intentaba no reaccionar. Mi voluntad se doblegaba, sin embargo, a pasos agigantados.</strong></p><p align="justify"><strong>Me cogi&oacute; las manos y las pos&oacute; sobre su vientre, mientras susurraba algo en franc&eacute;s. Me subi&oacute; las manos, despacio, sobre su piel, hasta alcanzar el pez&oacute;n erecto de su seno izquierdo.</strong></p><p align="justify"><strong>Decid&iacute; que ma&ntilde;ana por la ma&ntilde;ana le cantar&iacute;a las cuarenta. Ahora no pod&iacute;a, con los labios ocupados.</strong> </p>]]></description><pubDate>Sat, 11 Nov 2006 10:53:00 +0000</pubDate></item><item><title>La corrala</title><link>https://sereira.blogia.com/2006/110501-la-corrala.php</link><guid isPermaLink="true">https://sereira.blogia.com/2006/110501-la-corrala.php</guid><description><![CDATA[<p><strong><em>Carlos, el pajarero como Mila nos dijo, ten&iacute;a tienda abierta dos manzanas m&aacute;s abajo.</em></strong> </p><p align="justify"><strong>Abarrotada de diferentes especies y g&eacute;neros de animales andantes, reptantes, voladores, nadadores, predominando los plum&iacute;feros.</strong></p><p align="justify"><strong>Locuaces y nerviosos algunos, silenciosos y lasos otros, en mezcla imposible, sonido de orquesta afinando y olor a una mezcla de metro de Sol, piscifactoria y feria del ganado.</strong></p><p align="justify"><strong>All&iacute; Carlos, en el buen sentido, parec&iacute;a un animal m&aacute;s.</strong></p><p align="justify"><strong>Se apreciaba el amor a su trabajo.</strong></p><p align="justify"><strong>De camino, hab&iacute;amos tomado un verm&uacute; casero, especialidad de la tasca de la esquina. Digo esto, y remarco lo de uno, porque, al menos en mi caso no es una dosis suficiente como para delirar.</strong></p><p align="justify"><strong>Llegamos justo a la hora de cerrar, asesorados por Mila.</strong></p><p align="justify"><strong>&Eacute;l rechaz&oacute; la oferta de otro verm&uacute;, y nos explic&oacute; que no hab&iacute;a inconveniente en pasar ahora por su pajarera particular, porque en cualquier caso deb&iacute;a atender obligaciones diarias all&iacute;. Aunque s&oacute;lo podr&iacute;amos echar un vistazo, porque deb&iacute;a volver a casa a comer, antes de abrir de nuevo por la tarde su tienda.</strong></p><p align="justify"><strong>Por el camino nos fue comentando que, efectivamente, exist&iacute;a una trampilla que conduc&iacute;a al s&oacute;tano de su inmueble, pero actualmente se hallaba debajo de alguna de sus grandes pajareras. No de imposible acceso, pero s&iacute; complicado.</strong></p><p align="justify"><strong>Hac&iacute;a mucho tiempo, a&ntilde;os quiz&aacute;, que &eacute;l no bajaba, porque no lo necesitaba, si bien recordaba haber almacenado alg&uacute;n cachivache all&iacute;.</strong></p><p align="justify"><strong>La recordaba amplia, porque abarcaba bastante m&aacute;s que la planta del peque&ntilde;o habit&aacute;culo que usaba. Hay que tener en cuenta que deb&iacute;a ocupar no s&oacute;lo esta planta, sino adem&aacute;s una parte del pasillo de entrada y del patio.</strong></p><p align="justify"><strong>Era cierto lo que dijo Mila con respecto al olor penetrante, adem&aacute;s de la suciedad que, a pesar de la limpieza diaria, se acumulaba, y el griter&iacute;o incre&iacute;ble de toda clase de p&aacute;jaros diferentes, de raza, h&iacute;bridos, en rara competici&oacute;n.</strong></p><p align="justify"><strong>Carlos estaba entusiasmado con sus logros, que nos iba explicando, y las peque&ntilde;as aves parec&iacute;an conocerlo y alegrarse de su llegada, a juzgar por la subida de tono; tambi&eacute;n puede ser que, puesto que tan s&oacute;lo un ventanuco &ndash;el nuestro- daba luz al refugio cerrado, y la puerta suministraba un extra de luz, tampoco grande, pero suficiente para notarlo, los habitantes de las pajareras apreciaran esa luminosidad extra.</strong></p><p align="justify"><strong>Bajo una vieja c&oacute;moda asomaba el borde de una trampilla de madera que era, al parecer, la entrada a la estancia o hueco subterr&aacute;neo.</strong></p><p align="justify"><strong>Sobre la c&oacute;moda hab&iacute;a gran cantidad de jaulas apiladas hasta casi tocar el techo, no muy alto, con sus correspondientes habitantes plum&iacute;feros. Era evidente la dificultad de acceder al s&oacute;tano de forma inmediata.</strong></p><p align="justify"><strong>Todav&iacute;a no hab&iacute;amos justificado nuestro inter&eacute;s y para poder seguir adelante era claramente menester dar una explicaci&oacute;n convincente al pajarero sobre nuestras intenciones.</strong></p><p align="justify"><strong>Yo miraba con mucha atenci&oacute;n el reborde de madera sobre marco de hierro que se dejaba vislumbrar, como si me fuera a suministrar un buen alib&iacute;, cuando advert&iacute; que Eug&egrave;ne hablaba animadamente con el pajarero, al que por lo visto hab&iacute;a convencido para, esa misma tarde, despu&eacute;s de cerrar su tienda, proceder a la descubierta de la entrada, y estaban ya calculando qu&eacute; deb&iacute;an trasladar y d&oacute;nde.</strong></p><p align="justify"><strong>Al final s&iacute; que &iacute;bamos a tomar ese segundo verm&uacute;, con Mila y el pajarero, de inmediato.</strong></p><p align="justify"><strong>&iquest;Qu&eacute; hab&iacute;a pasado?</strong></p><p align="justify"><strong>(...)</strong></p><p align="justify"><strong>Mientras el pajarero hablaba con Mila, en la tasca, me dirig&iacute; a Eug&egrave;ne en un aparte.</strong></p><p align="justify"><strong>-&iexcl;No me digas que sabes de canaricultura tambi&eacute;n!</strong></p><p align="justify"><strong>-&iquest;De qu&eacute;? &iexcl;Ni idea!</strong></p><p align="justify"><strong>-&iquest;Entonces?</strong></p><p align="justify"><strong>-Le he dicho que eres ayudante de direcci&oacute;n de Amenabar, buscando exteriores y escenarios para su pr&oacute;ximo corto.</strong></p><p align="justify"><strong>-&iquest;Y se lo ha cre&iacute;do?</strong></p><p align="justify"><strong>-Por supuesto. Lo has hecho muy bien.</strong></p><p align="justify"><strong>-&iexcl;Pero si no he hecho nada!</strong></p><p align="justify"><strong>-Exacto. Tu papel perfecto de ayudante de direcci&oacute;n.</strong></p><p align="justify"><strong>-Ya &iquest;Y qu&eacute; va a pasar cuando se d&eacute; cuenta de que no es verdad?</strong></p><p align="justify"><strong>-&iquest;Y por qu&eacute; se va a dar cuenta?</strong></p><p align="justify"><strong>En este punto, el pajarero, al que Mila se refer&iacute;a como Charlie, se dirigi&oacute; a m&iacute;.</strong></p><p align="justify"><strong>-Yo baj&eacute; hace tiempo... &ndash;empez&oacute;.</strong></p><p align="justify"><strong>Fui a decir algo, pero Eug&egrave;ne se adelant&oacute;, para mi suerte.</strong></p><p align="justify"><strong>-Juan necesita verlo con luz natural y artificial. Necesitar&iacute;amos ver la iluminaci&oacute;n por la ma&ntilde;ana, por la noche...</strong></p><p align="justify"><strong>-Bueno, os puede acompa&ntilde;ar Mila. Yo os abro. No me alborot&eacute;is a mis p&aacute;jaros. En poco tiempo estar&aacute; despejado.</strong></p><p align="justify"><strong>-Perfecto. Luego hablamos con el productor ejecutivo para ver un alquiler por una semana, prorrogable. No es necesario molestar a los p&aacute;jaros. Aunque ser&iacute;a interesante que aparecieran en la filmaci&oacute;n, como fondo.</strong></p><p align="justify"><strong>Charlie estaba complacido con la perspectiva, aunque a la vez algo preocupado por el estr&eacute;s a que &iacute;bamos a someter a sus aves.</strong></p><p align="justify"><strong>-Es una pena que no pueda estar. Puedo decirle a mi chica que abra la tienda, pero ahora tiene colegio...</strong></p><p align="justify"><strong>-No te preocupes -le tranquiliz&oacute; Eug&egrave;ne- Mila nos acompa&ntilde;a, &iquest;verdad?.</strong></p><p align="justify"><strong>Mila asinti&oacute;.</strong></p><p align="justify"><strong>(...)</strong></p><p align="justify"><strong>-&iexcl;Tienes una cara impresionante!- coment&eacute; a Eug&egrave;ne despu&eacute;s que Charlie se hubo marchado-.</strong></p><p align="justify"><strong>-Le hace mucha ilusi&oacute;n-. Mila no me hac&iacute;a ni caso-.</strong></p><p align="justify"><strong>-Luego le decimos que no ha podido ser-.trat&eacute; de arreglarlo-.</strong></p><p align="justify"><strong>-No. Le diremos que es una co-producci&oacute;n con Canad&aacute; para varios cortometrajes de diferentes directores con distribuci&oacute;n restringida a salas especiales. Y le mandaremos una copia.</strong></p><p align="justify"><strong>-&iquest;Vamos a filmar de verdad?</strong></p><p align="justify"><strong>-Por supuesto. Llamamos a Amenabar, que me har&aacute; ese favor...</strong></p><p align="justify"><strong>-Ya. Tambi&eacute;n conoces a Amenabar.</strong></p><p align="justify"><strong>-Coincidimos en la facultad.</strong></p><p align="justify"><strong>No distingu&iacute; si bromeaba, o hablaba en serio. Prefer&iacute; dejarlo ah&iacute;.</strong></p><p align="justify"><strong>(...)</strong></p><p align="justify"><strong>Cuando conseguimos levantar, con un empuj&oacute;n conjunto, la trampilla -en realidad m&aacute;s grande y pesada de lo apreciado-, una fuerte vaharada de humedad inund&oacute; el peque&ntilde;o habit&aacute;culo. Los p&aacute;jaros se alteraron ante tal novedad, estallando en un coro descoordinado, y los tres a la vez mostramos nuestro correspondiente gesto de desagrado retrocediendo en forma autom&aacute;tica, antes de mirar, por turno, hacia el agujero negro, pr&aacute;cticamente cuadrado, que se abr&iacute;a a nuestros pies.</strong></p><p align="justify"><strong>Hab&iacute;amos dejado el portillo apoyado tan solo en las bisagras, por encima de los noventa grados respecto de nuestro plano, al retroceder por causa del h&uacute;medo y denso vapor invisible.</strong></p><p align="justify"><strong>Pr&aacute;cticamente a ras del piso aparec&iacute;a un primer escal&oacute;n -marco de hierro y base de madera, bien ajustada-, intuy&eacute;ndose el declive tras la absoluta oscuridad.</strong></p><p align="justify"><strong>Adelant&aacute;ndome, y apoyado en este primer escal&oacute;n, que me pareci&oacute; suficientemente s&oacute;lido, y con la ayuda de Eug&egrave;ne y Mila desde el exterior -una linterna potente en mi mano derecha, y un pa&ntilde;uelo sobre mi boca y nariz-, inici&eacute; el descenso, despacio, porque no me fiaba de la solidez de la escalera.</strong></p><p align="justify"><strong>Aprovech&eacute; para preguntarme a m&iacute; mismo por qu&eacute; iba yo delante, si no sab&iacute;a qu&eacute; busc&aacute;bamos, ni mi inter&eacute;s sobre lo que fuera era grande. Me contest&eacute; que Mila -su presencia-, ten&iacute;a algo que ver con esta decisi&oacute;n m&iacute;a. Pero mi respuesta no me satisfizo del todo.</strong></p><p align="justify"><strong>Cuando la boca de entrada estuvo a unos cincuenta cent&iacute;metros de mi cabeza, toqu&eacute; el piso de piedra u obra, asegur&aacute;ndome que no estuviera resbaladizo. Olvid&eacute; mis capciosas preguntas, para concentrarme en la exploraci&oacute;n.</strong></p><p align="justify"><strong>Hab&iacute;a descendido bastante c&oacute;modamente, apoy&aacute;ndome en una barandilla de hierro adosada al lateral derecho de la escalera, a&uacute;n con la linterna bien sujeta, que todav&iacute;a me resultaba in&uacute;til, puesto que s&oacute;lo estaba verificando la solidez de los pelda&ntilde;os, sospechosos de podredumbre en la madera sometida a tal ambiente h&uacute;medo. No apreci&eacute;, sin embargo, nada que confirmara mis sospechas. Por el contrario, la bajada result&oacute; sencilla.</strong></p><p align="justify"><strong>Me pareci&oacute;, y as&iacute; era, que el otro lateral carec&iacute;a de barandilla, lo que comuniqu&eacute; a mis chicas, arriba, junto con la seguridad del trayecto, despu&eacute;s de barrer de arriba abajo la escalera con la linterna.</strong></p><p align="justify"><strong>Se trataba de una armadura de hierro que formaba una pieza soldada con la barandilla, armadura en la que se encajaban con precisi&oacute;n los tablones, lisos y sujetos con tornillos a la base met&aacute;lica. Evidentemente, una obra relativamente reciente.</strong></p><p align="justify"><strong>Su aspecto era bueno y s&oacute;lido, y s&oacute;lo leves crujidos delataban la madera en la zona central de los escalones, cuando apoyaba mis precavidos pasos all&iacute; donde el piso no ten&iacute;a sujeci&oacute;n ninguna.</strong></p><p align="justify"><strong>Mientras enfocaba lo que pens&eacute; ser&iacute;a la pared del fondo del recinto -que no logr&eacute; alcanzar-, escuch&eacute; c&oacute;mo Eug&egrave;ne me segu&iacute;a, y pronto not&eacute; sus brazos sobre mi cuello, como si hubiera tropezado.</strong></p><p align="justify"><strong>Pesaba poco. Estas muchachas de ahora no comen. As&iacute; que me volv&iacute; para ayudarla a bajar, lo que hice traslad&aacute;ndola por el aire, como una ni&ntilde;a juguetona, sin gran esfuerzo. Y esper&eacute; para realizar similar operaci&oacute;n con Mila, que ya se recortaba sobre el cuadrado de luz de la salida.</strong></p><p align="justify"><strong>Se me ocurri&oacute;, mientras bajaba Mila, qu&eacute; pasar&iacute;a si ahora, por cualquier motivo, se cerraba la puerta del s&oacute;tano.</strong></p><p align="justify"><strong>Podr&iacute;amos levantarla sin dificultad, siempre que nada desde el exterior lo obstaculizara.</strong></p><p align="justify"><strong>Me pregunt&eacute; por qu&eacute; me estaban pasando por la mente tales posibles accidentes o problemas. Me estaba volviendo paranoico. Me estaban volviendo a la cabeza, en forma de amenaza, las ideas que Eug&egrave;ne me ven&iacute;a insinuando sobre personas malas, enemigos indefinidos.</strong></p><p align="justify"><strong>Pens&eacute; que hubiera sido mejor que alguno de nosotros se quedara fuera, pero al parecer no hab&iacute;a voluntarios para tal misi&oacute;n.</strong></p><p align="justify"><strong>Decid&iacute;, en cualquier caso, volver a subir para dejar asegurado el portillo, ya que ni Eug&egrave;ne ni Mila, adentr&aacute;ndose ya en la sala, sin miedo y sin linterna, quisieron o&iacute;r hablar de la posibilidad de esperar arriba.</strong></p><p align="justify"><strong>Tampoco yo estaba dispuesto a perderme nada, por lo que comprend&iacute; su punto de vista.</strong></p><p align="justify"><strong>-&iquest;D&oacute;nde vas? -o&iacute; mientras volv&iacute;a a subir, dejando a mi espalda la oscuridad.</strong></p><p align="justify"><strong>-Voy a asegurar la puerta, para que no se cierre sola.</strong></p><p align="justify"><strong>Silencio valorativo.</strong></p><p align="justify"><strong>-Vale -y de inmediato- &iquest;Por qu&eacute; no te quedas arriba?</strong></p><p align="justify"><strong>-Ni de co&ntilde;a. &iquest;Por qu&eacute; no te quedas t&uacute;?.</strong></p><p align="justify"><strong>&iexcl;Menuda banda de inconscientes formamos!, pens&eacute;.</strong></p><p align="justify"><strong>-Correremos el riesgo -dije, mientras atravesaba un list&oacute;n entre la trampilla y el marco de la puerta, que encaj&oacute; de tal manera que me hizo concluir que esa era la misi&oacute;n de tal list&oacute;n; por eso lo encontr&eacute; con tanta facilidad.</strong></p><p align="justify"><strong>Los p&aacute;jaros parec&iacute;an haberse habituado al ambiente, porque hac&iacute;an menos esc&aacute;ndalo del normal. Al salir del s&oacute;tano, observ&eacute; que la humedad se notaba menos, lo que se justificaba por estar abiertos de par en par tanto el ventanuco que daba al patio de la corrala -bajo cuyo marco sab&iacute;a resaltaba la marca granate, el Zahir ba&ntilde;ado por el sol-, como la puerta de entrada que daba al pasillo de entrada al patio. Lo que de nuevo me hizo meditar sobre nuestra inconsciencia.</strong></p><p align="justify"><strong>Para confirmarlo, una vecina se asom&oacute;, atra&iacute;da por la puerta abierta, y husmeando el olor a humedad que sal&iacute;a. Aunque sin decir nada, me ech&oacute; un vistazo, como valorando mi atuendo veraniego, y luego sigui&oacute; hacia su casa, con un juicio no muy positivo sobre m&iacute;, pens&eacute;, por su gesto despectivo.</strong></p><p align="justify"><strong>Mientras cerraba la puerta, decid&iacute; para mi conveniencia que deb&iacute;a ser alguna de las cotillas de la vecindad, y todas ellas nos conoc&iacute;an ya a Eug&egrave;ne y a m&iacute;, aunque a m&iacute; me resultaba dif&iacute;cil distinguirlas a ellas, por lo que no quise darle importancia.</strong></p><p align="justify"><strong>Pero en mi inconsciente segu&iacute;a acechando el presentimiento de la presencia de alg&uacute;n enemigo ajeno a la vecindad, con aviesas intenciones respecto de nosotros.</strong></p><p align="justify"><strong>-&iquest;Bajas? -o&iacute; desde el fondo del s&oacute;tano-. &iexcl;Que no tenemos luz!&iexcl;Estoy oyendo ruidos!</strong></p><p align="justify"><strong>Ser&aacute;n ratas -pens&eacute;.</strong></p><p align="justify"><strong>-&iexcl;Ser&aacute; el edificio, que cruje! -grit&eacute;.</strong></p><p align="justify"><strong>-&iexcl;Ser&aacute;n ratas! -dijo Mila, muy cerca de la escalera.</strong></p><p align="justify"><strong>&iexcl;Vaya!&iexcl;Qu&eacute; chica m&aacute;s lista! -pens&eacute;.</strong></p><p align="justify"><strong>A m&iacute; tampoco me gustan las ratas.</strong></p><p align="justify"><strong>-Noto como un zumbido -escuch&eacute; a Eug&egrave;ne, m&aacute;s lejos.</strong></p><p align="justify"><strong>-&iexcl;Ya bajo! -dije mientras estaba en ello, enfocando con seguridad; olvidado el ahora in&uacute;til pa&ntilde;uelo.</strong></p><p align="justify"><strong>-&iexcl;Espera! -dijo Eug&egrave;ne de pronto- &iexcl;P&aacute;rate ah&iacute;! Noto un zumbido, y como un aura leve, que no veo de d&oacute;nde viene. No traigas la linterna.</strong></p><p align="justify"><strong>No le hice caso en nada, y volv&iacute; a bajar con la linterna.</strong></p><p align="justify"><strong>Mila -a la que deslumbr&eacute;-, estaba agarrada con fuerza a la barandilla, con los ojos perdidos. Enfoqu&eacute; al fondo, seg&uacute;n bajaba.</strong></p><p align="justify"><strong>No llegu&eacute; a ver a Eug&egrave;ne. Sonaba lejana, con un eco sordo. El recinto parec&iacute;a bastante m&aacute;s grande de lo que cabr&iacute;a imaginar pensando en el piso superior.</strong></p><p align="justify"><strong>Avanc&eacute; hacia el lugar de donde parec&iacute;a proceder la voz de Eug&egrave;ne, con Mila agarrada a mi cintura, y la vi al fin, cerca de la pared del fondo, delante de algunos muebles viejos sobre los que se amontonaban gran cantidad de bultos, adornos, cajas, maletas y un ba&uacute;l, todo recostado contra la pared. Curiosamente, el camino hasta tal acumulaci&oacute;n parec&iacute;a despejado, algo pegajoso y h&uacute;medo, pero limpio. No se ve&iacute;a obst&aacute;culo alguno, y me acerqu&eacute; hasta Eug&egrave;ne, mientras trataba de tranquilizar a Mila, que no se despegaba de m&iacute;.</strong></p><p align="justify"><strong>-No hay ratas -dec&iacute;a yo suavemente, mi mano derecha sobre su pelo, mientras con la izquierda segu&iacute;a enfocando a Eug&egrave;ne y el fondo del s&oacute;tano. Mila afloj&oacute; levemente la presi&oacute;n a que me ten&iacute;a sometido, pero sigui&oacute; pegada a mi espalda.</strong></p><p align="justify"><strong>Nos acercamos a Eug&egrave;ne, que escuchaba algo que de momento nosotros no apreci&aacute;bamos.</strong></p><p align="justify"><strong>-&iexcl;Apaga! -dijo ella.</strong></p><p align="justify"><strong>Yo hice una r&aacute;pida revisi&oacute;n de lo que hab&iacute;a a la vista: muebles, cajas, artilugios indeterminados, amontonados casi hasta el techo, que no bajar&iacute;a de los dos metros.</strong></p><p align="justify"><strong>El recinto era verdaderamente grande.</strong></p><p align="justify"><strong>Eug&egrave;ne segu&iacute;a atenta a alg&uacute;n sonido que yo no percib&iacute;a.</strong></p><p align="justify"><strong>&iexcl;Apaga! -repiti&oacute;.</strong></p><p align="justify"><strong>&iexcl;No! -dijo Mila, con poca convicci&oacute;n-.</strong></p><p align="justify"><strong>No le hice caso. Apagu&eacute; la linterna. Detr&aacute;s nuestro, lejos, el leve resplandor del port&oacute;n de entrada apenas se intu&iacute;a.</strong></p><p align="justify"><strong>Delante, negrura total. Esperaba acostumbrar la vista a la oscuridad.</strong></p><p align="justify"><strong>-&iquest;No oyes? -dijo Eug&egrave;ne, al cabo de un rato-.</strong></p><p align="justify"><strong>Mila se estrech&oacute; contra mi espalda fuertemente, pero no dijo nada.</strong></p><p align="justify"><strong>Yo no escuchaba nada. Fui a acercarme m&aacute;s al hombro de Eug&egrave;ne, con dificultad, porque ten&iacute;a que vencer la resistencia de Mila.</strong></p><p align="justify"><strong>-Est&aacute; subiendo de volumen -dijo Eug&egrave;ne, en voz m&aacute;s baja.</strong></p><p align="justify"><strong>S&iacute;. Empec&eacute; a percibir como una vibraci&oacute;n, un zumbido lejano.</strong></p><p align="justify"><strong>Not&eacute; que Eug&egrave;ne hab&iacute;a cerrado los ojos al rozar su cara, como si quisiera concentrar todos sus sentidos en uno.</strong></p><p align="justify"><strong>Cerr&eacute; los ojos, a mi vez, y efectivamente la vibraci&oacute;n pareci&oacute; subir de volumen, aunque su efecto era algo m&aacute;s que un sonido: Una vibraci&oacute;n que penetraba en mi cuerpo.</strong></p><p align="justify"><strong>Mila, a su vez, habl&oacute; cerca de mi o&iacute;do, algo m&aacute;s tranquila, al parecer.</strong></p><p align="justify"><strong>-S&iacute;. Lo siento en todo mi cuerpo.</strong></p><p align="justify"><strong>-Cierra los ojos -le murmur&eacute;.</strong></p><p align="justify"><strong>-S&iacute; &iquest;Est&aacute;s temblando, Juan?</strong></p><p align="justify"><strong>No. Est&aacute;bamos los tres como conectados. Yo emparedado entre el perfume franc&eacute;s de Eug&egrave;ne y el de los domingos de Mila, vibrando, como si el piso -nuestro &uacute;nico contacto con la tierra-, estuviera temblando, pero de una forma muy sutil.</strong></p><p align="justify"><strong>El fen&oacute;meno parec&iacute;a crecer lentamente, y pude distinguir en &eacute;l dos tonos fundamentales, uno de los cuales se identificaba con el zumbido sordo inicial y el otro, donde el zumbido parec&iacute;a superponerse, unas muy lentas oscilaciones.</strong></p><p align="justify"><strong>-Es baja frecuencia, frecuencia de audio -dijo Eug&egrave;ne, como para s&iacute;, pero contestando a mi no formulada cuesti&oacute;n-. Modulada con ultrabaja frecuencia.</strong></p><p align="justify"><strong>-&iquest;Tambi&eacute;n sabes sobre eso? -me atrev&iacute; a comentar-.</strong></p><p align="justify"><strong>-S&iacute;. Hay una relaci&oacute;n entre las funciones cerebrales y la ultra baja frecuencia.</strong></p><p align="justify"><strong>Mila debi&oacute; ser la primera en abrir los ojos.</strong></p><p align="justify"><strong>Tanto Eug&egrave;ne como yo segu&iacute;amos concentrados en encontrar un sentido a la creciente oscilaci&oacute;n. Por eso, y suponiendo una relaci&oacute;n entre el sonido y la ausencia de luz, yo manten&iacute;a mis ojos fuertemente cerrados. Una leve queja, y un movimiento de hombros de Eug&egrave;ne, me indicaron que yo tambi&eacute;n la estaba presionando a ella en exceso, como haciendo inconsciente fuerza para entender.</strong></p><p align="justify"><strong>Sin embargo Mila -m&aacute;s curiosa o menos concentrada-, nos "despert&oacute;".</strong></p><p align="justify"><strong>-&iexcl;Oh! -exclam&oacute;-. &iexcl;Hay luz!</strong></p><p align="justify"><strong>Al abrir los ojos, observamos que ya no est&aacute;bamos en la oscuridad, sino que un d&eacute;bil halo -que parec&iacute;a proceder de la pared, detr&aacute;s de los muebles y los cachivaches-, se difund&iacute;a por toda la estancia.</strong></p><p align="justify"><strong>Adem&aacute;s, pose&iacute;a especiales cualidades. Su tono -aunque no soy fiable en esto-, yo lo definir&iacute;a como blanco azulado; su calidad parec&iacute;a ser fr&iacute;a, en alguna forma, y sin embargo irradiaba alg&uacute;n tipo de energ&iacute;a.</strong></p><p align="justify"><strong>Por otro lado, enseguida se percib&iacute;a una variaci&oacute;n en la intensidad, creciente, decreciente, que obviamente segu&iacute;a el mismo ritmo lento de la oscilaci&oacute;n en su componente de ultra baja frecuencia, ascendente y descendente en luminosidad, y en su componente de m&aacute;s alta frecuencia, lo que se resolv&iacute;a en una especie de nube de puntos de luz, en continua variaci&oacute;n uno a uno, y en lentas subidas y bajadas de intensidad, como conjunto.</strong></p><p align="justify"><strong>La percepci&oacute;n auditiva y &oacute;ptica coincid&iacute;an, evidentemente.</strong></p><p align="justify"><strong>La sensaci&oacute;n t&eacute;rmica era extra&ntilde;a, como de fr&iacute;o caliente, como cuando, ardiendo de fiebre, sentimos fr&iacute;o. Un oximor&oacute;n f&iacute;sico.</strong></p><p align="justify"><strong>Incluso el potente olor a humedad que nos hab&iacute;a repelido al principio hab&iacute;a desaparecido, expulsado por un aroma que me recordaba a un laboratorio de qu&iacute;mica, o a un hospital, o a ambos, y que tambi&eacute;n llegaba en vaharadas r&iacute;tmicas.</strong></p><p align="justify"><strong>La tensi&oacute;n estaba siendo sustituida por una asombrosa relajaci&oacute;n, como si mi cuerpo sucumbiera ante algo que, al superarme tan claramente, anulaba mi estr&eacute;s.</strong></p><p align="justify"><strong>La disminuci&oacute;n de la presi&oacute;n que sobre m&iacute; ejerc&iacute;a Mila, y la evidente relajaci&oacute;n de los hombros de Eug&egrave;ne me hicieron deducir que nuestras sensaciones eran similares.</strong></p><p align="justify"><strong>En ning&uacute;n momento perdimos el contacto f&iacute;sico, como si atendi&eacute;ramos a alg&uacute;n tipo de influencia hipn&oacute;tica que nos afectara como grupo, m&aacute;s que personal uno a uno.</strong></p><p align="justify"><strong>En un momento indeterminado, como obedeciendo a una orden que los tres quer&iacute;amos acatar, Eug&egrave;ne, delante del centro del foco luminoso, empez&oacute; a adelantar su mano diestra &ndash;la izquierda- muy lentamente. Yo -y de alguna forma era consciente de que Mila a mi espalda tambi&eacute;n-, segu&iacute;a su lento avance hacia lo que sin duda era el origen del que emanaba todo el efecto que, aunque n&iacute;tidamente marcado, parec&iacute;a flotar en una posici&oacute;n inconcreta situada entre la pared y el conjunto heterog&eacute;neo de chismes que nos separaban de ella, m&aacute;s all&aacute; de la vieja c&oacute;moda sobre la que destacaba, interponi&eacute;ndose en nuestro avance, un ba&uacute;l de madera reforzado con herrajes de bronce o lat&oacute;n.</strong></p><p align="justify"><strong>Lenta, pero ansiosamente, las puntas de sus dedos iban aproxim&aacute;ndose a aquel foco, mientras Mila y yo la apoy&aacute;bamos mentalmente. Los tres lo pod&iacute;amos percibir claramente, siendo consciente cada uno de las sensaciones emocionales de los otros dos.</strong></p><p align="justify"><strong>La mano de Eug&egrave;ne tembl&oacute; ligeramente, aunque no retrocedi&oacute;, al tiempo que me atravesaba un leve cosquilleo, procedente de Eug&egrave;ne y con destino a Mila.</strong></p><p align="justify"><strong>Las puntas de sus dedos se iban volviendo transl&uacute;cidas en oleadas r&iacute;tmicas de luz, que se hac&iacute;an m&aacute;s intensas por momentos. Sus sensaciones de alguna extra&ntilde;a manera nos abarcaban a los tres, avanzando y retrocediendo lentamente en un crescendo de intensidad.</strong></p><p align="justify"><strong>Hab&iacute;a sucedido algo extra&ntilde;o -que despu&eacute;s comentamos asombrados de no haberle prestado atenci&oacute;n mientras suced&iacute;a-, como si una rara conciencia que controlaba la situaci&oacute;n nos lo hubiera mostrado como normal. Suced&iacute;a que, hac&iacute;a ya rato, (&iquest;cu&aacute;nto?), la posici&oacute;n espacial de "nuestra" mano (me veo obligado a hablar as&iacute;, para hacerme entender) irradiada desde aquel punto hasta la desnuda mu&ntilde;eca de Eug&egrave;ne, estaba claramente situada m&aacute;s all&aacute; del viejo ba&uacute;l de s&oacute;lida madera que hubiera l&oacute;gicamente debido interceptar el avance de la mano, siendo sin embargo perfectamente distinguibles tanto la mano de Eug&egrave;ne como el propio ba&uacute;l de oscura madera y herrajes patinados. Como si estuvieran ocupando a la vez el mismo espacio, estando sin embargo ambos n&iacute;tidamente definidos, aunque la cualidad transl&uacute;cida no parec&iacute;a afectar al objeto-ba&uacute;l.</strong></p><p align="justify"><strong>Pero en aquel momento nos pareci&oacute; natural que as&iacute; fuera, m&aacute;s teniendo en cuenta que Eug&egrave;ne, Mila y yo como intermediario notamos entonces un contacto con algo s&oacute;lido que en ning&uacute;n caso pod&iacute;a confundirse con la superficie de madera y bronce.</strong></p><p align="justify"><strong>Repito que, llegados a este punto, nada de lo que nos estaba pasando nos parec&iacute;a extra&ntilde;o en ning&uacute;n aspecto. Como si no figurara, seg&uacute;n nuestro entendimiento l&oacute;gico a posteriori, fuera de las leyes f&iacute;sicas aprendidas.</strong></p><p align="justify"><strong>Evidentemente, tambi&eacute;n nuestra forma de razonar o entender se hab&iacute;a modificado de una forma sutil.</strong></p><p align="justify"><strong>El contacto fue claro y n&iacute;tido. La forma de aquello con lo que hab&iacute;amos (sigo teniendo que hablar en plural) contactado se nos hizo evidente de inmediato. Cil&iacute;ndrica, no muy grande y de textura met&aacute;lica. Un cilindro f&aacute;cil de abarcar con la mano de Eug&egrave;ne, de un metal pulido, suave al tacto, dispuesto a ser asido.</strong></p><p align="justify"><strong>El metal produc&iacute;a, por un raro efecto simp&aacute;tico, un persistente picor en la lengua y el paladar. Como manifestando sus cualidades f&iacute;sicas globales; no daba sensaci&oacute;n de fr&iacute;o.</strong></p><p align="justify"><strong>Cuando la mano de Eug&egrave;ne se cerr&oacute; sobre el objeto, en un espasmo de mayor intensidad de la alcanzada hasta ahora, la radiaci&oacute;n fulgur&oacute; y se extingui&oacute; en un microsegundo, volvi&eacute;ndonos de golpe y sin soluci&oacute;n de continuidad a una realidad de la que, aparentemente, hab&iacute;amos estado ausentes por un tiempo que no sab&iacute;amos medir.</strong></p><p align="justify"><strong>La luz, la vibraci&oacute;n, desaparecieron, dando paso a la oscuridad, solo rota por la linterna que, encendida sobre el suelo, apuntando in&uacute;tilmente a un lateral de la estancia, yo deb&iacute;a haber dejado caer, no recordaba cuando.</strong></p><p align="justify"><strong>La linterna yac&iacute;a en el suelo, encendida pero in&uacute;til. Era el &uacute;nico punto de luz.</strong></p><p align="justify"><strong>Permanecimos en un silencio expectante un rato. Eug&egrave;ne se hab&iacute;a dado la vuelta y me abrazaba por la cintura y hund&iacute;a su cabeza entre mi hombro derecho y mi cuello.</strong></p><p align="justify"><strong>Su abrazo abarcaba la cadera de Mila, que a su vez, sobre mis hombros, abrazaba nuestras cabezas unidas. Como si sinti&eacute;ramos un fr&iacute;o desnudo. O la ausencia de algo indefinido.</strong></p><p align="justify"><strong>Por suerte, y aunque est&aacute;bamos a oscuras, me sent&iacute; algo rid&iacute;culo. Dije algo, no recuerdo qu&eacute;, pretendiendo ser gracioso, y deshice el abrazo colectivo justo a tiempo para que cuando se encendi&oacute; la luz el pajarero nos contemplara a los tres, con cara de tontos, mirando ora a la escalera ora a la bombilla desnuda que pend&iacute;a del techo, que nos dio, al fin, una visi&oacute;n de conjunto que hasta ahora no ten&iacute;amos.</strong></p><p align="justify"><strong>-&iquest;Est&aacute;is aqu&iacute; todav&iacute;a? -dijo el pajarero- &iquest;Por qu&eacute; ten&eacute;is la luz apagada?.</strong></p><p align="justify"><strong>-No sab&iacute;amos que hab&iacute;a luz -Mila recuperaba una cierta normalidad, antes que Eug&egrave;ne y yo- Trajimos una linterna.</strong></p><p align="justify"><strong>-&iexcl;Claro que hay luz! -bajaba el pajarero hasta nuestra altura y se nos qued&oacute; mirando, entre curioso y divertido-. Con esa linterna no os hab&eacute;is hecho una idea- Mir&oacute; a su alrededor aprobando-. Ya no recordaba qu&eacute; hab&iacute;a aqu&iacute; abajo. Debe hacer a&ntilde;os que no me preocupo. No est&aacute; tan mal como yo recordaba. Har&aacute; un bonito escenario -valoraba contemplando las paredes de rojo ladrillo visto, sin enjalbegar-.</strong></p><p align="justify"><strong>-S&iacute;, s&iacute; -corrobor&oacute; Eug&egrave;ne. Y dirigi&eacute;ndose a m&iacute;- &iquest;Verdad?.</strong></p><p align="justify"><strong>Trat&eacute; de poner cara de ayudante de direcci&oacute;n, mirando a mi alrededor.</strong></p><p align="justify"><strong>-Se parece a lo que andamos buscando &ndash;dije, como en meditativa distracci&oacute;n, a una percha de madera, de pie, que ten&iacute;a cercana-.</strong></p><p align="justify"><strong>Asombrosamente, el lugar aparec&iacute;a despejado -salvo en la pared del fondo-, y limpio.</strong></p><p align="justify"><strong>-&iquest;Qu&eacute; hora es? -dije, ret&oacute;ricamente, mientras consultaba mi reloj, algo nervioso, y pensaba que deb&iacute;a haberse estropeado.</strong></p><p align="justify"><strong>-Pues no huele mucho a humedad -coment&oacute; extra&ntilde;ado el pajarero- de hecho huele como...</strong></p><p align="justify"><strong>-Nos tenemos que ir - se apresur&oacute; Mila, abriendo la marcha y arrastr&aacute;ndonos.</strong> </p>]]></description><pubDate>Sun, 05 Nov 2006 09:20:00 +0000</pubDate></item><item><title>Lesbos</title><link>https://sereira.blogia.com/2006/102701-lesbos.php</link><guid isPermaLink="true">https://sereira.blogia.com/2006/102701-lesbos.php</guid><description><![CDATA[<p align="justify"><em><strong>Parec&iacute;a que yo andaba de suerte.</strong></em>&nbsp;<strong>&nbsp;</strong></p><strong>El doctor hab&iacute;a concluido, tras dos horas, que no hab&iacute;a conclusi&oacute;n posible.</strong><strong> <p align="justify">Adem&aacute;s, estaba realmente afectado por su anterior metedura de pata -que achacaba a la precipitaci&oacute;n-, y prefiri&oacute; recoger los datos de los que simplemente hab&iacute;a estado verificando su integridad, y retirarse a la universidad, dijo, o donde quiera que tuviera su retiro de estudioso &ndash;su torre de marfil-, para analizar aquel galimat&iacute;as en detalle antes de enviarnos en una expedici&oacute;n sin objetivo claro.</p><p align="justify">Lo que yo le agradec&iacute;, interiormente: Su retirada, no la proyectada expedici&oacute;n, he de aclarar.</p><p align="justify">Eug&egrave;ne no pareci&oacute; tan molesta como yo hubiera supuesto. Tambi&eacute;n hab&iacute;a rebajado su excitaci&oacute;n. Habl&oacute; vagamente de continuar con su Tesis, cosa que me sorprendi&oacute;, porque pensaba que aquello era otro de sus cuentos; no me dio la gana preguntarle por el tema de su Tesis.</p><p align="justify">Tampoco se la ve&iacute;a con aspecto de comentar mucho.</p><p align="justify">Cuando por fin ambos se marcharon, yo me hice a la idea de tratar de adelantar en mi novela. M&aacute;s considerando que de momento la ten&iacute;a econ&oacute;micamente hipotecada, sin haber llegado ni a la mitad. Empec&eacute; a re-situarme mentalmente.</p><p align="justify">Ginger: Hab&iacute;a cambiado algo de car&aacute;cter, en detalles est&eacute;ticos, pero era sustancialmente la misma. Le sentar&iacute;an bien algunos toques ex&oacute;ticos, que acomodaban con su car&aacute;cter. En cuanto a la situaci&oacute;n atascada...</p><p align="justify">La verdad es que me apetec&iacute;a menos que al principio retomar el argumento donde lo dej&eacute;.</p><p align="justify">Pero al fin y al cabo era mi obligaci&oacute;n laboral.</p><p align="justify">Hubiera preferido continuar las exploraciones por los alrededores de Aranjuez, en compa&ntilde;&iacute;a de Eug&egrave;ne, pero ella s&oacute;lo mencion&oacute; que me llamar&iacute;a.</p><p align="justify">Cuando salieron los dos, cada uno hacia su destino, yo me dispuse a desordenar un poco el medio ambiente, porque mi "habitat" de trabajo precisa del desorden para ser eficaz, y Eug&egrave;ne parec&iacute;a en cambio propensa a dejarlo todo en su sitio, o inventar un sitio para cada cosa, lo que me ten&iacute;a bastante desorientado, aun cuando no me atreviera a coment&aacute;rselo.</p><p align="justify">El doctor hab&iacute;a vuelto a vaciar el ordenador: Quiz&aacute; tem&iacute;a mi inexistente curiosidad, quiz&aacute; fuera necesario o una precauci&oacute;n elemental; la idea de alguien persigui&eacute;ndonos o vigil&aacute;ndonos que Eug&egrave;ne hab&iacute;a tratado de inculcarme no hab&iacute;a tenido gran eficacia sobre m&iacute;. Record&eacute;, mientras desparramaba por el suelo un par de cap&iacute;tulos inacabados, c&oacute;mo me hab&iacute;a mirado el doctor cuando le coment&eacute; lo accesible que era mi vivienda, hasta el punto de que la llave se hab&iacute;a convertido en un estorbo.</p><p align="justify">Quise comprender su punto de vista, lo que me resultaba complicado por que &iquest;qui&eacute;n que no fuera Eug&egrave;ne, o &eacute;l mismo, pod&iacute;a tener inter&eacute;s en buscar algo en mi apartamento?&iquest;En mi ordenador?&iquest;Un esp&iacute;a de la Editorial Planeta?</p><p align="justify">Ni siquiera mi novela, a la que l&oacute;gicamente valoraba mucho, pod&iacute;a perderse por completo en las entra&ntilde;as de la m&aacute;quina. Ni en forma accidental, ni intencionada: &Aacute;ngel, a requerimiento de mi editor y basado en previas experiencias desastrosas, me hab&iacute;a proporcionado un sistema que de forma autom&aacute;tica, sin la intervenci&oacute;n de mi despreocupada mano, se ocupaba de hacer copias que pasaban, v&iacute;a telef&oacute;nica, a un disco duro remoto que era sencillo de recuperar: Como ya hab&iacute;a tenido oportunidad de verificar en alguna ocasi&oacute;n, debido a mi torpeza ofim&aacute;tica.</p><p align="justify">Y la mayor&iacute;a de los muebles pertenec&iacute;an a mi casera, que no hab&iacute;a invertido mucho en ellos.</p><p align="justify">Tampoco ten&iacute;a nada de valor, salvo el propio ordenador port&aacute;til, que era propiedad de mi editor; jam&aacute;s tuve la m&aacute;s m&iacute;nima preocupaci&oacute;n por este asunto.</p><p align="justify">Mientras cavilaba sobre todos estos detalles en creciente paranoia, me di cuenta de que, lo que realmente me pasaba, es que la echaba de menos, media hora despu&eacute;s de que se hubiera ido: La cosa parec&iacute;a grave.</p><p align="justify">Necesitaba un tratamiento de choque.</p><p align="justify">Record&eacute; que, al salir de mi casa, en Madrid, hab&iacute;a olvidado recoger algunos apuntes. No es que fueran importantes,... bueno, s&iacute; lo eran.</p><p align="justify">Lo que pasa es que eran anotaciones que yo pod&iacute;a recordar de memoria casi en su totalidad, y mi primera intenci&oacute;n era evitar, por cualquier motivo, abandonar mi refugio.</p><p align="justify">Pero de mi primera intenci&oacute;n quedaba muy poco.</p><p align="justify">Por otro lado, hab&iacute;a delatado mi cercan&iacute;a tanto a &Aacute;ngel como a Marta, por lo que la ficci&oacute;n de las R&iacute;as Bajas no ten&iacute;a ya ninguna utilidad.</p><p align="justify">Y las intenciones, buenas o malas, de que est&aacute; empedrado el camino del infierno, me condujeron a la ruptura.</p><p align="justify">Sobre todo, a intentar demostrarme a m&iacute; mismo que pod&iacute;a prescindir de Eug&egrave;ne...</p><p align="justify">Ten&iacute;a esa necesidad imperiosa, tanto m&aacute;s cuanto que la melancol&iacute;a hab&iacute;a tardado tan s&oacute;lo media hora en aparecer.</p><p align="justify">No hab&iacute;a terminado de hacerme este auto an&aacute;lisis para afrontar mi s&iacute;ndrome de abstinencia emocional cuando ya hab&iacute;a recogido en mi bolsa de viaje lo imprescindible y me dirig&iacute;a con decisi&oacute;n, tras cerrar con dos vueltas de llave llave la puerta, hacia la estaci&oacute;n.</p><p align="justify">El plan era simple: Me acercar&iacute;a a Madrid -tres cuartos de hora de tren-, a mi casa -media hora de metro-, recoger&iacute;a los papeles, comer&iacute;a en alguno de los restaurantes de Latina, y volver&iacute;a tranquilamente, sin saludar a nadie; estar&iacute;a de vuelta temprano.</p><p align="justify">Sin tomar el autob&uacute;s que llevaba a la estaci&oacute;n de Aranjuez, que no era muy frecuente en sus horarios, y ligero de equipaje, tan s&oacute;lo a&ntilde;ad&iacute;a unos veinte minutos m&aacute;s de agradable paseo camino de la estaci&oacute;n, bajo la sombra de los pl&aacute;tanos que filtraban el sol matinal.</p><p align="justify">Desde que me sub&iacute; al tren de cercan&iacute;as, pareci&oacute; como si hubiera desaparecido de Aranjuez y retornado del sue&ntilde;o a la vigilia rutinaria.</p><p align="justify">Nada m&aacute;s dejar atr&aacute;s el Tajo, luego el Jarama, los &uacute;ltimos &aacute;rboles, las &uacute;ltimas huertas de la vega y desembocar en la terrible estepa castellana poblada de pol&iacute;gonos industriales y ciudades residenciales en medio de ninguna parte, entr&eacute; en una especie de sopor autom&aacute;tico que hizo que apenas recuerde c&oacute;mo pas&eacute; las siguientes cinco horas.</p><p align="justify">Me consta que cumpl&iacute; mi programa porque las anotaciones para la novela estaban en mi bolsa de viaje.</p><p align="justify">Y recuerdo haber comido el plato del d&iacute;a por la zona de Encomienda en un local que me era desconocido, aunque se parec&iacute;a a tantos otros, donde tocaba cocido madrile&ntilde;o.</p><p align="justify">Tuve cuidado de no ir a ninguno de mis comedores habituales, donde pudiera tropezarme con alg&uacute;n conocido.</p><p align="justify">Poco despu&eacute;s, y renunciando de nuevo al autob&uacute;s que me llevara desde la estaci&oacute;n a Aranjuez, declinando el d&iacute;a, volv&iacute;a a mi apartamento.</p><p align="justify">No hab&iacute;a curado mi melancol&iacute;a, pero me sent&iacute;a algo m&aacute;s due&ntilde;o de m&iacute;: Hab&iacute;a logrado algo de distancia con respecto a la profundidad de mis sentimientos...</p><p align="justify">(...)</p><p align="justify">S&eacute; que no debiera haberme quedado, por respeto a su privacidad.</p><p align="justify">Pero primero la sorpresa me paraliz&oacute;, despu&eacute;s me posey&oacute; el demonio de la perversidad. Finalmente, a&uacute;n dudo de mis propios sentimientos.</p><p align="justify">Cuando llegu&eacute; a mi apartamento, que ten&iacute;a razones para pensar abandonado a la soledad, evidentemente no era esperado.</p><p align="justify">Tampoco esperaba yo encontrar la puerta abierta, si bien no era tan raro porque el resbal&oacute;n -ya lo hab&iacute;a experimentado otras veces-, desgastado por el uso, no cerraba bien si no te tomabas mucho inter&eacute;s en que lo hiciera.</p><p align="justify">Incluso -estoy seguro- podr&iacute;a ser abierto de un empuj&oacute;n aunque se hubiera aparentemente encajado correctamente. Cre&iacute; haber echado la llave, aunque quiz&aacute; fuera una precauci&oacute;n in&uacute;til en &uacute;ltima instancia.</p><p align="justify">El caso es que la puerta estaba entornada, yo no era esperado, y no hice ruido o no fui escuchado.</p><p align="justify">A juzgar por la concentraci&oacute;n que observ&eacute;, prefiero pensar que no me oyeron.</p><p align="justify">Mi primera intenci&oacute;n al verlas fue hacerme notar -un carraspeo, un saludo-, pero un reflejo inconsciente me paraliz&oacute;.</p><p align="justify">Aseguro que estuve un tiempo razonable de pie, en el marco de la puerta de mi habitaci&oacute;n, sin hacer nada por ocultarme, con la boca entreabierta para pronunciar un saludo que nunca fue.</p><p align="justify">No era extra&ntilde;o, en principio, que existiera entre Eug&egrave;ne y Mila suficiente efusividad y confianza como para abrazarse, como prefieren las hembras, en lugar del fr&iacute;o apret&oacute;n de manos del macho; pero la situaci&oacute;n derivaba hacia otra conclusi&oacute;n, por la duraci&oacute;n del abrazo, el silencio obligado de labios contra labios, la exploraci&oacute;n del cuerpo contrario con manos &aacute;vidas...</p><p align="justify">De espaldas a m&iacute; la silueta inconfundible de Eug&egrave;ne, para m&iacute; ya tan familiar, era investigada en toda su extensi&oacute;n por las manos de Mila, que no pod&iacute;a haberme visto porque, primero, su cara desaparec&iacute;a tras la redonda cabeza de Eug&egrave;ne, y despu&eacute;s, cuando rozaba con los labios cuello y l&oacute;bulo de la peque&ntilde;a oreja de Eug&egrave;ne, porque ten&iacute;a los ojos cerrados.</p><p align="justify">Llegado a este punto, ten&iacute;a que optar:</p><p align="justify">O desaparec&iacute;a discretamente como persona civilizada; o me hac&iacute;a notar en tono que quisiera ser casual, como si acabara de llegar. O permanec&iacute;a all&iacute;, al amparo de la oscuridad del pasillo, guiado de morbosa curiosidad.</p><p align="justify">Cuando la mano derecha de Mila, sobre la cintura de Eug&egrave;ne, empez&oacute; a elevar lentamente su camiseta negra, desnudando despacio su espalda, yo ya no pod&iacute;a elegir, ni tener dudas acerca de lo que estaba pasando.</p><p align="justify">Me siento obligado a explicar, por otro lado, que entre los muchos sentimientos que me inundaban en aquellos momentos, mientras daba un paso atr&aacute;s hacia la oscuridad del pasillo, no figuraron los celos al principio; al menos no con el peso que yo mismo hubiera supuesto: Estaba m&aacute;s bien asombrado.</p><p align="justify">Mientras, la camiseta de Eug&egrave;ne, arrastrada espalda arriba, mostraba la depresi&oacute;n de su espina dorsal, hasta hacer asomar el cierre del sujetador que extra&ntilde;amente vest&iacute;a, contra su costumbre. Quiz&aacute; por aquel antiguo axioma de que la mujer se viste m&aacute;s cuanto m&aacute;s dispuesta est&aacute; a desnudarse, elucubr&eacute; nervioso.</p><p align="justify">A la par Eug&egrave;ne no hab&iacute;a permanecido inactiva sino que, acariciando la nalga izquierda de Mila con su mano derecha, sobre la tela de los vaqueros ajustados, hasta la entrepierna, hab&iacute;a provocado que &eacute;sta elevara su muslo y rodeado con su pierna las nalgas de Eug&egrave;ne, para intentar contactar m&aacute;s directamente su pubis con el de ella, en equilibrio inestable, presi&oacute;n que Eug&egrave;ne aprovech&oacute; para elevar sus brazos y permitir que su leve prenda sin hombros se deslizara con facilidad sobre su cabeza, dejando su torso vestido tan s&oacute;lo con el sujetador blanco -talla ochenta-, que se apresur&oacute; -una vez la camiseta resbalaba hasta sus pies- a desabrochar ella misma, manipulando con sus dos manos sobre el cierre, bajo sus om&oacute;platos, en contorsi&oacute;n que le obligaba a cerrar sus nalgas y presionar a&uacute;n m&aacute;s su vientre sobre el de Mila.</p><p align="justify">Al deshacerse Eug&egrave;ne del sujetador -que cay&oacute;, apenas un copo, sobre la camiseta-, ech&oacute; la cabeza hacia atr&aacute;s, agit&aacute;ndola levemente, como si quisiera apartar el pelo de su cara, siendo que no exist&iacute;a tal cantidad de pelo como para estorbar la visi&oacute;n en ning&uacute;n modo y que sus ojos estaban, tambi&eacute;n, cerrados, por otro lado. Este adem&aacute;n me llev&oacute; a tratar de imaginar por un instante cu&aacute;l ser&iacute;a su imagen rematada con su lacio pelo negro largo, en lugar de la redonda cabeza de pelo de pincho que yo siempre hab&iacute;a conocido.</p><p align="justify">Medite vagamente que conoc&iacute;a hasta el &uacute;ltimo rinc&oacute;n de su cuerpo pero, evidentemente, no la conoc&iacute;a a ella, conclu&iacute;, con cierta tristeza.</p><p align="justify">Y tengo que volver a insistir en que mis sentimientos, algo contradictorios, estaban respondiendo de una forma que yo, en otras circunstancias, no considerar&iacute;a "normales".</p><p align="justify">Ella ech&oacute; su cabeza m&aacute;s hacia atr&aacute;s a&uacute;n, sus manos sobre los hombros de Mila, en forma que &eacute;sta pudiera descender por su fino y largo cuello hasta sin duda perderse en sus peque&ntilde;os y turgentes senos &ndash;supuse sus pezones erectos-, elev&aacute;ndose a derecha e izquierda, por efecto de sus brazos levantados:</p><p align="justify">Aquellos peque&ntilde;os senos nacarados que yo no ve&iacute;a, pero que tan bien conoc&iacute;a, redonda y estrecha aureola oscura, rectos y largos pezones, su marca, lunar, o lo que fuese...</p><p align="justify">Aunque yo no lo hab&iacute;a advertido, (por momentos ve&iacute;a con la imaginaci&oacute;n m&aacute;s que con los ojos) al bajar sus brazos Eug&egrave;ne debi&oacute; entretenerse en desabotonar la ce&ntilde;ida camisa de lino que apenas conten&iacute;a las formas sinuosas, sensuales, de Mila, que yo hab&iacute;a sospechado m&aacute;s de una vez, mientras Mila maniobraba con el cierre de su propio sujetador -talla noventa- que se aparec&iacute;a negro, sobre el azul oscuro de la camisa, que, con rapidez inusitada, en estudiada contorsi&oacute;n -nueva presi&oacute;n vaginal- se desliz&oacute;, tropezando en su muslo, a&uacute;n elevado, hasta el suelo, al lado contrario de la ropa de Eug&egrave;ne.</p><p align="justify">Curiosamente, aunque yo no supe c&oacute;mo, esto lo hizo sin deshacerse de la camisa, que sin embargo no alcanzaba a cubrir sus pechos.</p><p align="justify">Oculto en la penumbra, yo conten&iacute;a la respiraci&oacute;n, fuertemente excitado, para mi verg&uuml;enza, acometido por sensaciones ambivalentes.</p><p align="justify">A la luz del sol filtrada por la persiana, uno de los exuberantes senos de Mila, el izquierdo, dej&oacute; asomar por el costado de Eug&egrave;ne, bajo su axila, su aureola redonda, difusa y amplia, donde destacaba un peque&ntilde;o pero erecto pez&oacute;n que hab&iacute;a escapado bajo la presi&oacute;n, torso contra torso. Aunque por alg&uacute;n extra&ntilde;o motivo Mila no hac&iacute;a intenci&oacute;n de deshacerse de la ligera camisa.</p><p align="justify">Mila, ligeramente m&aacute;s baja que Eug&egrave;ne, lo recuper&oacute; con su mano, tratando de elevarlo, sin duda para contactar con los peque&ntilde;os senos de Eug&egrave;ne, para aprisionarlos entre los suyos, dentro de su camisa, fuera de mi inspecci&oacute;n indiscreta.</p><p align="justify">Ambas echaban un poco la cabeza hacia atr&aacute;s. La cara de Mila, frente a m&iacute;, se levant&oacute; un instante -ojos indolentemente cerrados, negras y largas pesta&ntilde;as, indefinida expresi&oacute;n en su boca entreabierta, labios rojos y h&uacute;medos, leve suspiro- para hundirse de nuevo entre los senos de Eug&egrave;ne, en lento y laborioso descenso, mientras recuperaba el apoyo de sus dos piernas, bajando su muslo parsimoniosamente y sin perder un segundo de contacto con los muslos de Eug&egrave;ne, y m&aacute;s abajo, abriendo las piernas para poderse flexionar, en cuclillas, descendiendo hasta perder su cabeza a la altura de la cintura de Eug&egrave;ne, que ladeaba lentamente su cabeza, derecha e izquierda, por lo que pude averiguar, de refil&oacute;n, que sus chispeantes ojos avellana permanec&iacute;an cerrados.</p><p align="justify">Mila, ahora de rodillas, hab&iacute;a desabrochado los jeans de Eug&egrave;ne, y pugnaba por hacerlos bajar, con dificultad,...</p><p align="justify">Tuvieron que o&iacute;rme cerrar la puerta. Desde luego, era mi intenci&oacute;n. Confusamente, pretend&iacute; sin duda provocar un sobresalto vengativo; pero no esper&eacute; a verificarlo. </p></strong>]]></description><pubDate>Fri, 27 Oct 2006 11:18:00 +0000</pubDate></item><item><title>Desde la periferia</title><link>https://sereira.blogia.com/2006/102201-desde-la-periferia.php</link><guid isPermaLink="true">https://sereira.blogia.com/2006/102201-desde-la-periferia.php</guid><description><![CDATA[<p><strong><em><span>(,,,)</span><span> Sucede, sin embargo, que me siento responsable de que ciertas informaciones y circunstancias alcancen a ser develadas, sean cuales sean las consecuencias.</span></em></strong> </p><p>&nbsp;</p><p style="margin-left: 5px; text-indent: 25px; line-height: 150%; margin-right: 5px"><em><span style="color: #333399">A la luz de un &uacute;nico foco de luz amarilla lateral, Juan, que a todas luces lleva un tiempo sin asearse y barba de tres d&iacute;as, escribe furiosamente sobre el teclado de un PC; detr&aacute;s, la pantalla de un port&aacute;til ilumina iridiscente el contraluz de su cabeza.<br />Por el suelo &ndash;la habitaci&oacute;n es peque&ntilde;a, abigarrada, de un apartamento; contra la pared se intuye una cama, casi un catre, y un armario peque&ntilde;o, sin adornos- hay papeles en desorden, hojas sueltas con anotaciones sobre sus sandalias, al igual que en los alrededores de la mesa del teclado.</span></em></p><p style="margin-left: 5px; text-indent: 25px; line-height: 150%; margin-right: 5px"><em><span style="color: #333399"><br />Tambi&eacute;n en el suelo, al lado de su pierna -con peligro de ser derribados- esperan una botella de JB sin estrenar, y un vaso ancho de base cuadrada, vac&iacute;o. Al fondo, muy cercano, la escena se refleja sobre el cristal de una ventana de aluminio sin cortina, puesto que en el exterior es noche cerrada, negra.<br />Desde la ventana, a su espalda, vemos como sobre la pantalla del ordenador, van apareciendo espasm&oacute;dicamente frases inconexas.<br />Juan teclea y mira a la pantalla, vuelve a teclear, y vuelve a mirar,...<br />Sobre la pantalla se intercalan l&iacute;neas que evidentemente Juan no ha tecleado.<br />Su expresi&oacute;n y su actitud oscilan entre la preocupaci&oacute;n, el miedo, la sorpresa y la urgencia.<br />Una voz interior relata lo que pasa por su cabeza, lo que intenta transcribir, porque en la pantalla aparecen frases diferentes, intercaladas entre las suyas, de colores tama&ntilde;os y fuentes cambiantes ...</span></em></p>]]></description><pubDate>Sun, 22 Oct 2006 18:57:00 +0000</pubDate></item><item><title>INDICE. La mano de la diosa.</title><link>https://sereira.blogia.com/2006/091602-indice-la-mano-de-la-diosa-.php</link><guid isPermaLink="true">https://sereira.blogia.com/2006/091602-indice-la-mano-de-la-diosa-.php</guid><description><![CDATA[<span class="MsoHyperlink"><span><a href="http://sereira.tugle.com/resumen.htm">Resumen para impacientes.</a></span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><span>Desde el otro lado</span></span> <p align="center"><img src="//sereira.blogia.com/upload/externo-4af1186c98e3c7242c186186043b7100.gif" border="0" width="375" height="11" /> <a href="http://sereira.tugle.com/indice.htm#m01"><img src="//sereira.blogia.com/upload/externo-af3334cf91123ea72ded765a61904aad.gif" border="0" alt="Bajada r&aacute;pida" width="13" height="9" /></a></p><p style="tab-stops: 121.45pt right 424.7pt" class="MsoToc1"><span class="MsoHyperlink"><span><a href="http://sereira.tugle.com/cap001.htm">CAPITULO I.</a></span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><span>Desde la periferia</span><span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span style="font-weight: normal"></span></p><p style="tab-stops: right 424.7pt" class="MsoToc3"><span class="MsoHyperlink">(...) Sucede, sin embargo, que me siento responsable de que ciertas informaciones y circunstancias alcancen a ser develadas, sean cuales sean las consecuencias.</span></p><p style="tab-stops: 126.15pt right 424.7pt" class="MsoToc1"><span class="MsoHyperlink"><span><a href="http://sereira.tugle.com/cap002.htm">CAPITULO II.</a></span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><span>Mila</span><span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span style="font-weight: normal"></span></p><p style="tab-stops: right 424.7pt" class="MsoToc3"><span class="MsoHyperlink">&ldquo;Zahir, en &aacute;rabe, quiere decir notorio, visible; en tal sentido, es uno de los noventa y nueve nombres de Dios...&rdquo; <span>(J. L. Borges)</span><span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span></span></p><p style="tab-stops: 130.8pt right 424.7pt" class="MsoToc1"><span class="MsoHyperlink"><span><a href="http://sereira.tugle.com/cap003.htm">CAPITULO III.</a></span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><span>Sereira</span><span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span style="font-weight: normal"></span></p><p style="tab-stops: right 424.7pt" class="MsoToc3"><span class="MsoHyperlink">Como precauci&oacute;n elemental, hab&iacute;a dejado de contestar mis cuentas de correo electr&oacute;nico.<span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span></span></p><p style="tab-stops: 130.15pt right 424.7pt" class="MsoToc1"><span class="MsoHyperlink"><span><a href="http://sereira.tugle.com/cap004.htm">CAPITULO IV.</a></span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><span>Eug&egrave;ne</span><span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span style="font-weight: normal"></span></p><p style="tab-stops: right 424.7pt" class="MsoToc3"><span class="MsoHyperlink">Result&oacute; que Sereira era Eug&egrave;ne.<span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span></span></p><p style="tab-stops: 125.45pt right 424.7pt" class="MsoToc1"><span class="MsoHyperlink"><span><a href="http://sereira.tugle.com/cap005.htm">CAPITULO V.</a></span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><span>Pedan&iacute;a</span><span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span style="font-weight: normal"></span></p><p style="tab-stops: right 424.7pt" class="MsoToc3"><span class="MsoHyperlink">Los s&oacute;tanos o bodegas existen en todas las construcciones antiguas de Aranjuez, y la leyenda popular hace comunicar los edificios importantes mediante una red de t&uacute;neles.<span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span></span></p><p style="tab-stops: 130.15pt right 424.7pt" class="MsoToc1"><span class="MsoHyperlink"><span><a href="http://sereira.tugle.com/cap006.htm">CAPITULO VI.</a></span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><span>La Bodega</span><span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span style="font-weight: normal"></span></p><p style="tab-stops: right 424.7pt" class="MsoToc3"><span class="MsoHyperlink">Nuestro famoso viticultor carece de conocimientos enol&oacute;gicos, pero anda sobrado de imaginaci&oacute;n, para nuestra suerte.<span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span></span></p><p style="tab-stops: 134.8pt right 424.7pt" class="MsoToc1"><span class="MsoHyperlink"><span><a href="http://sereira.tugle.com/cap007.htm">CAPITULO VII.</a></span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><span>&Aacute;ngel</span><span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span style="font-weight: normal"></span></p><p style="tab-stops: right 424.7pt" class="MsoToc3"><span class="MsoHyperlink">Ten&iacute;a que reconocer que me estaba divirtiendo, a pesar de mi papel pasivo.</span></p><p style="tab-stops: 139.45pt right 424.7pt" class="MsoToc1"><span class="MsoHyperlink"><span><a href="http://sereira.tugle.com/cap008.htm">CAPITULO VIII.</a></span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><span>Iniciaci&oacute;n</span><span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span style="font-weight: normal"></span></p><p style="tab-stops: right 424.7pt" class="MsoToc3"><span class="MsoHyperlink">Mis buenas intenciones laborales se vieron pronto interrumpidas por una llamada de Eug&egrave;ne que, extra&ntilde;amente, no me molest&oacute;.<span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span></span></p><p style="tab-stops: right 424.7pt" class="MsoToc3" align="center"><a href="http://sereira.tugle.com/indice.htm#La mano de la diosa el tueiferario (registrada)"><img src="//sereira.blogia.com/upload/externo-577d1aa3adf53ba7ad148e5fd3b062d4.gif" border="0" alt="Subida r&aacute;pida" width="13" height="9" /></a> <a name="m01" title="m01"></a><img src="//sereira.blogia.com/upload/externo-4af1186c98e3c7242c186186043b7100.gif" border="0" width="319" height="11" /> <a href="http://sereira.tugle.com/indice.htm#m02"><img src="//sereira.blogia.com/upload/externo-af3334cf91123ea72ded765a61904aad.gif" border="0" alt="Bajada r&aacute;pida" width="13" height="9" /></a></p><div class="Section2"><p style="tab-stops: 130.15pt right 424.7pt" class="MsoToc1"><span class="MsoHyperlink"><span><a href="http://sereira.tugle.com/cap009.htm">CAPITULO IX.</a></span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><span>La Corrala</span><span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span style="font-weight: normal"></span></p><p style="tab-stops: right 424.7pt" class="MsoToc3"><span class="MsoHyperlink">Carlos, el pajarero como Mila nos dijo, ten&iacute;a tienda abierta dos manzanas m&aacute;s abajo.<span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span></span></p><p style="tab-stops: 125.45pt right 424.7pt" class="MsoToc1"><span class="MsoHyperlink"><span><a href="http://sereira.tugle.com/cap010.htm">CAPITULO X.</a></span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><span>El Tubo</span><span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span style="font-weight: normal"></span></p><p style="tab-stops: right 424.7pt" class="MsoToc3"><span class="MsoHyperlink">-Es incre&iacute;ble Mila &ndash;coment&eacute;.</span></p><p style="tab-stops: 130.15pt right 424.7pt" class="MsoToc1"><span class="MsoHyperlink"><span><a href="http://sereira.tugle.com/cap011.htm">CAPITULO XI.</a></span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><span>El documento</span><span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span style="font-weight: normal"></span></p><p style="tab-stops: right 424.7pt" class="MsoToc3"><span class="MsoHyperlink">Martes, a tantos de tantos... Lo que conten&iacute;a el tubo.<span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span></span></p><p style="tab-stops: 134.8pt right 424.7pt" class="MsoToc1"><span class="MsoHyperlink"><span><a href="http://sereira.tugle.com/cap012.htm">CAPITULO XII.</a></span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><span>La escalera del jard&iacute;n</span><span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span style="font-weight: normal"></span></p><p style="tab-stops: right 424.7pt" class="MsoToc3"><span class="MsoHyperlink">La escalera era una idea obsesiva de Eug&egrave;ne.<span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span></span></p><p style="tab-stops: 139.45pt right 424.7pt" class="MsoToc1"><span class="MsoHyperlink"><span><a href="http://sereira.tugle.com/cap013.htm">CAPITULO XIII.</a></span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><span>Buda</span><span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span style="font-weight: normal"></span></p><p style="tab-stops: right 424.7pt" class="MsoToc3"><span class="MsoHyperlink">-&ldquo;Buda&rdquo; parece remitir a la India, al Tibet, al oriente, en cualquier caso.<span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span></span></p><p style="tab-stops: 138.8pt right 424.7pt" class="MsoToc1"><span class="MsoHyperlink"><span><a href="http://sereira.tugle.com/cap014.htm">CAPITULO XIV.</a></span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><span>C&aacute;mara t&eacute;rmica</span><span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span style="font-weight: normal"></span></p><p style="tab-stops: right 424.7pt" class="MsoToc3"><span class="MsoHyperlink">Con una peque&ntilde;a bolsa de piel, muy usada, al lado, encontramos al doctor esper&aacute;ndonos junto al portal de mi apartamento.</span></p></div><p style="tab-stops: 134.1pt right 424.7pt" class="MsoToc1"><span class="MsoHyperlink"><span><a href="http://sereira.tugle.com/cap015.htm">CAPITULO XV.</a></span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><span>Lesbos</span><span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span style="font-weight: normal"></span></p><p style="tab-stops: right 424.7pt" class="MsoToc3"><span class="MsoHyperlink">Parec&iacute;a que yo andaba de suerte.<span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span></span></p><p style="tab-stops: 138.8pt right 424.7pt" class="MsoToc1"><span class="MsoHyperlink"><span><a href="http://sereira.tugle.com/cap016.htm">CAPITULO XVI.</a></span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><span>Resaca</span><span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span style="font-weight: normal"></span></p><p style="tab-stops: right 424.7pt" class="MsoToc3"><span class="MsoHyperlink">El cactus destinado a absorber las malas vibraciones del ordenador parec&iacute;a mustio, o yo lo ve&iacute;a as&iacute;.<span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span></span></p><p style="tab-stops: 143.45pt right 424.7pt" class="MsoToc1"><span class="MsoHyperlink"><span><a href="http://sereira.tugle.com/cap017.htm">CAPITULO XVII.</a></span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><span>Reencuentro</span><span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span style="font-weight: normal"></span></p><p style="tab-stops: right 424.7pt" class="MsoToc3"><span class="MsoHyperlink">Est&aacute;bamos f&iacute;sicamente enfrentados, como para evidenciar un cierto distanciamiento.<span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span></span></p><p style="tab-stops: right 424.7pt" class="MsoToc3" align="center"><a href="http://sereira.tugle.com/indice.htm#m01"><img src="//sereira.blogia.com/upload/externo-577d1aa3adf53ba7ad148e5fd3b062d4.gif" border="0" alt="Subida r&aacute;pida" width="13" height="9" /></a> <a name="m02" title="m02"></a><img src="//sereira.blogia.com/upload/externo-4af1186c98e3c7242c186186043b7100.gif" border="0" width="403" height="11" /> <a href="http://sereira.tugle.com/indice.htm#m05"><img src="//sereira.blogia.com/upload/externo-af3334cf91123ea72ded765a61904aad.gif" border="0" alt="Bajada r&aacute;pida" width="13" height="9" /></a><span class="MsoHyperlink"><span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span></span></p><p style="tab-stops: 148.15pt right 424.7pt" class="MsoToc1"><span class="MsoHyperlink"><span><a href="http://sereira.tugle.com/cap018.htm">CAPITULO XVIII.</a></span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><span>Gema</span><span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span style="font-weight: normal"></span></p><p style="tab-stops: right 424.7pt" class="MsoToc3"><span class="MsoHyperlink">Apareci&oacute; aquella ma&ntilde;ana en mi piso, temprano, pero no lo bastante como para que no se enteraran todas las vecinas.<span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span></span></p><p style="tab-stops: 138.8pt right 424.7pt" class="MsoToc1"><span class="MsoHyperlink"><span><a href="http://sereira.tugle.com/cap019.htm">CAPITULO XIX.</a></span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><span>Interludio; aclaraciones confusas</span><span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span style="font-weight: normal"></span></p><p style="tab-stops: right 424.7pt" class="MsoToc3"><span class="MsoHyperlink"><span>(Del gr. &kappa;&alpha;&tau;&lambda;&upsilon;&sigma;&iota;&sigmaf;, disoluci&oacute;n, acabamiento).</span> Transformaci&oacute;n qu&iacute;mica motivada por sustancias que no se alteran en el curso de la reacci&oacute;n.<span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span></span></p><p style="tab-stops: 134.1pt right 424.7pt" class="MsoToc1"><span class="MsoHyperlink"><span><a href="http://sereira.tugle.com/cap020.htm">CAPITULO XX.</a></span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><span>Sereira / Dolphins</span><span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span style="font-weight: normal"></span></p><p style="tab-stops: right 424.7pt" class="MsoToc3"><span class="MsoHyperlink">No es exactamente como ella lo cont&oacute;, pero quise conservarlo como un preciado regalo.</span></p><p style="tab-stops: 138.8pt right 424.7pt" class="MsoToc1"><span class="MsoHyperlink"><span><a href="http://sereira.tugle.com/cap021.htm">CAPITULO XXI.</a></span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><span>Hugo</span></span></p><p style="tab-stops: right 424.7pt" class="MsoToc3"><span class="MsoHyperlink">Le mauvais go&ucirc;t m&egrave;ne au crime: El mal gusto conduce al crimen.<span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span></span></p><p style="tab-stops: 143.45pt right 424.7pt" class="MsoToc1"><span class="MsoHyperlink"><span><a href="http://sereira.tugle.com/cap022.htm">CAPITULO XXII.</a></span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><span>Consecuencias</span><span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span style="font-weight: normal"></span></p><p style="tab-stops: right 424.7pt" class="MsoToc3"><span class="MsoHyperlink">-Hay que reconocerle una gran capacidad de recuperaci&oacute;n &ndash;o&iacute; que comentaba Eug&egrave;ne con alguien, antes de abrir los ojos, y tratar de enfocar lo que quise suponer su sonrisa-.</span></p><p style="tab-stops: right 424.7pt" class="MsoToc3"><span class="MsoHyperlink"><span><a href="http://sereira.tugle.com/cap023.htm">CAPITULO XXIII.</a></span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><span>Regajal: Lugar de regajos.</span><span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span style="font-weight: normal"></span></p><p style="tab-stops: right 424.7pt" class="MsoToc3"><span class="MsoHyperlink">regajos: Charco que se forma de un arroyuelo. El mismo arroyuelo.<span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span></span></p><p style="tab-stops: 147.45pt right 424.7pt" class="MsoToc1"><span class="MsoHyperlink"><span><a href="http://sereira.tugle.com/cap024.htm">CAPITULO XXIV.</a></span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><span>Una interferencia</span><span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span style="font-weight: normal"></span></p><p style="tab-stops: right 424.7pt" class="MsoToc3"><span class="MsoHyperlink">Existen planos que se cruzan y planos paralelos.<span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span></span></p><p style="tab-stops: 142.8pt right 424.7pt" class="MsoToc1"><span class="MsoHyperlink"><span><a href="http://sereira.tugle.com/cap025.htm">CAPITULO XXV.</a></span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><span>Araxis, Time machine</span><span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span style="font-weight: normal"></span></p><p style="tab-stops: right 424.7pt" class="MsoToc3"><span class="MsoHyperlink">El mecanismo funcional del viaje en el tiempo es muy simple, realmente. Precisa de un peque&ntilde;o entrenamiento que no es comparativamente mayor que aprender a montar en bicicleta, por ejemplo. Todo ello contando con la M&aacute;quina.</span></p><p style="tab-stops: right 424.7pt" class="MsoToc3" align="center"><a href="http://sereira.tugle.com/indice.htm#m02"><img src="//sereira.blogia.com/upload/externo-577d1aa3adf53ba7ad148e5fd3b062d4.gif" border="0" alt="Subida r&aacute;pida" width="13" height="9" /></a> <a name="m03" title="m03"></a><img src="//sereira.blogia.com/upload/externo-4af1186c98e3c7242c186186043b7100.gif" border="0" width="307" height="11" /> <a href="http://sereira.tugle.com/indice.htm#m04"><img src="//sereira.blogia.com/upload/externo-af3334cf91123ea72ded765a61904aad.gif" border="0" alt="Bajada r&aacute;pida" width="13" height="10" /></a></p><p style="tab-stops: 147.45pt right 424.7pt" class="MsoToc1"><span class="MsoHyperlink"><span><a href="http://sereira.tugle.com/cap026.htm">CAPITULO XXVI.</a></span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><span>Avanzadilla</span><span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span style="font-weight: normal"></span></p><p style="tab-stops: right 424.7pt" class="MsoToc3"><span class="MsoHyperlink">Nunca me hab&iacute;a preguntado d&oacute;nde viv&iacute;a Eug&egrave;ne.<span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span></span></p><p style="tab-stops: 152.15pt right 424.7pt" class="MsoToc1"><span class="MsoHyperlink"><span><a href="http://sereira.tugle.com/cap027.htm">CAPITULO XXVII.</a></span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><span>Trampa</span><span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span style="font-weight: normal"></span></p><p style="tab-stops: right 424.7pt" class="MsoToc3"><span class="MsoHyperlink">Llegar a la sala subterr&aacute;nea se hab&iacute;a convertido en una operaci&oacute;n tan repetida, que es probable que los patos estuvieran ya habituados a nuestras excursiones nocturnas.<span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span></span></p><p style="tab-stops: 156.8pt right 424.7pt" class="MsoToc1"><span class="MsoHyperlink"><span><a href="http://sereira.tugle.com/cap028.htm">CAPITULO XXVIII.</a></span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><span>&iquest;D&oacute;nde est&aacute; Mila?</span><span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span style="font-weight: normal"></span></p><p style="tab-stops: right 424.7pt" class="MsoToc3"><span class="MsoHyperlink">Al llegar a mi apartamento, el doctor se apresur&oacute; a dirigirse al ordenador, impaciente ante la tardanza en arrancar de mi m&aacute;quina, que con anterioridad hab&iacute;a alabado tanto.<span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span></span></p><p style="tab-stops: 147.45pt right 424.7pt" class="MsoToc1"><span class="MsoHyperlink"><span><a href="http://sereira.tugle.com/cap029.htm">CAPITULO XXIX.</a></span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><span>Un juego...</span><span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span style="font-weight: normal"></span></p><p style="tab-stops: right 424.7pt" class="MsoToc3"><span class="MsoHyperlink">Hasta ahora, todo hab&iacute;a sido un juego.<span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span></span></p><p style="tab-stops: 142.8pt right 424.7pt" class="MsoToc1"><span class="MsoHyperlink"><span><a href="http://sereira.tugle.com/cap030.htm">CAPITULO XXX.</a></span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><span>Cap&iacute;tulo inconcluso</span><span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span style="font-weight: normal"></span></p><p style="tab-stops: right 424.7pt" class="MsoToc3"><span class="MsoHyperlink">&iquest;Y de qu&eacute; forma crees que puede ser esto &uacute;til para la sociedad?</span></p><p style="tab-stops: 147.45pt right 424.7pt" class="MsoToc1"><span class="MsoHyperlink"><span><a href="http://sereira.tugle.com/cap031.htm">CAPITULO XXXI.</a></span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><span>Sue&ntilde;o</span><span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span style="font-weight: normal"></span></p><p style="tab-stops: right 424.7pt" class="MsoToc3"><span class="MsoHyperlink">Eug&egrave;ne no hab&iacute;a llamado despu&eacute;s de sus retorcidas explicaciones, ayer.<span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span></span></p><p style="tab-stops: 152.15pt right 424.7pt" class="MsoToc1"><span class="MsoHyperlink"><span><a href="http://sereira.tugle.com/cap032.htm">CAPITULO XXXII.</a></span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><span>La<span>&nbsp; </span>Interpretaci&oacute;n de los sue&ntilde;os</span><span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span style="font-weight: normal"></span></p><p style="tab-stops: right 424.7pt" class="MsoToc3"><span class="MsoHyperlink">Me sorprendi&oacute; el inter&eacute;s de Eug&egrave;ne por conocer mi sue&ntilde;o. Tanto como verla aparecer por mi apartamento tan temprano.<span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span></span></p><p style="tab-stops: 156.8pt right 424.7pt" class="MsoToc1"><span class="MsoHyperlink"><span><a href="http://sereira.tugle.com/cap033.htm">CAPITULO XXXIII.</a></span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><span>Venus</span><span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span style="font-weight: normal"></span></p><p style="tab-stops: right 424.7pt" class="MsoToc3"><span class="MsoHyperlink">-Lo m&aacute;s importante es la Venus.<span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span></span></p><p style="tab-stops: 156.1pt right 424.7pt" class="MsoToc1"><span class="MsoHyperlink"><span><a href="http://sereira.tugle.com/cap034.htm">CAPITULO XXXIV.</a></span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><span>E-mail</span><span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span style="font-weight: normal"></span></p><p style="tab-stops: right 424.7pt" class="MsoToc3"><span class="MsoHyperlink"><span>from sereira@yole.com to <a href="mailto:insacular@coldmail.com.">insacular@coldmail.com.</a></span><a href="mailto:insacular@coldmail.com."><span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></a></span><a href="mailto:insacular@coldmail.com."><span></span></a></p><p style="tab-stops: right 424.7pt" class="MsoToc3" align="center"><a href="http://sereira.tugle.com/indice.htm#m03"><img src="//sereira.blogia.com/upload/externo-577d1aa3adf53ba7ad148e5fd3b062d4.gif" border="0" alt="Subida r&aacute;pida" width="13" height="9" /></a> <a name="m04" title="m04"></a><img src="//sereira.blogia.com/upload/externo-4af1186c98e3c7242c186186043b7100.gif" border="0" width="311" height="11" /> <a href="http://sereira.tugle.com/indice.htm#m05"><img src="//sereira.blogia.com/upload/externo-af3334cf91123ea72ded765a61904aad.gif" border="0" alt="Bajada r&aacute;pida" width="13" height="10" /></a></p><p style="tab-stops: 151.45pt right 424.7pt" class="MsoToc1"><span class="MsoHyperlink"><span><a href="http://sereira.tugle.com/cap035.htm">CAPITULO XXXV.</a></span><span><a href="http://sereira.tugle.com/CAP045.htm"> </a></span><span>L&rsquo;Anneau tournant</span><span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span style="font-weight: normal"></span></p><p style="tab-stops: right 424.7pt" class="MsoToc3"><span class="MsoHyperlink"><span>Villleroy trouve pour Louis des compagnons plus adapt&eacute;s &agrave; son rang. Ils jouent ensemble &agrave; l&#39;anneau tournant et au volant, il tire aussi des p&eacute;tards et de petites fus&eacute;es.</span><span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span></span></p><p style="tab-stops: 156.1pt right 424.7pt" class="MsoToc1"><span class="MsoHyperlink"><span><a href="http://sereira.tugle.com/cap036.htm">CAPITULO XXXVI.</a></span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><span>La clave</span><span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span style="font-weight: normal"></span></p><p style="tab-stops: right 424.7pt" class="MsoToc3"><span class="MsoHyperlink">Finalmente, ante la afasia de la maciza torre, optamos por sentarnos en uno de los bancos de piedra cercanos a la fuente, a la sombra de los arces.<span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span></span></p><p style="tab-stops: 160.8pt right 424.7pt" class="MsoToc1"><span class="MsoHyperlink"><span><a href="http://sereira.tugle.com/cap037.htm">CAPITULO XXXVII.</a></span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><span>La Puerta / Ciencia ficci&oacute;n</span><span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span style="font-weight: normal"></span></p><p style="tab-stops: right 424.7pt" class="MsoToc3"><span class="MsoHyperlink">Inopinadamente, encontr&eacute; a Eug&egrave;ne en mi apartamento, delante de la pantalla del port&aacute;til, leyendo.<span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span></span></p><p style="tab-stops: 165.45pt right 424.7pt" class="MsoToc1"><span class="MsoHyperlink"><span><a href="http://sereira.tugle.com/cap038.htm">CAPITULO XXXVIII.</a></span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><span>Alquimia</span><span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span style="font-weight: normal"></span></p><p style="tab-stops: right 424.7pt" class="MsoToc3"><span class="MsoHyperlink">La proyecci&oacute;n de la torre, de unos determinados relieves de la torre, en su centro geom&eacute;trico, alineados con el sol en el ocaso de su solsticio, determina una posici&oacute;n de las doce posibles del Anneau-Tournant, con una declinaci&oacute;n, ascendente o descendente con respecto a las otras.</span></p><p style="tab-stops: 156.1pt right 424.7pt" class="MsoToc1"><span class="MsoHyperlink"><span><a href="http://sereira.tugle.com/cap039.htm">CAPITULO XXXIX.</a></span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><span>Puesta de sol</span><span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span style="font-weight: normal"></span></p><p style="tab-stops: right 424.7pt" class="MsoToc3"><span class="MsoHyperlink">Ten&iacute;amos que esperar a la puesta del sol, para la que a&uacute;n faltaba una media hora.</span></p><p style="tab-stops: right 424.7pt" class="MsoToc3"><span class="MsoHyperlink"><span><a href="http://sereira.tugle.com/cap040.htm">CAPITULO XL.</a></span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><span>Recepci&oacute;n</span></span></p><p style="tab-stops: right 424.7pt" class="MsoToc3"><span class="MsoHyperlink">Tanto el paisaje como la situaci&oacute;n resultaban asombrosos.</span></p><p style="tab-stops: 138.15pt right 424.7pt" class="MsoToc1"><span class="MsoHyperlink"><span><a href="http://sereira.tugle.com/cap041.htm">CAPITULO XLI.</a></span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><span>Se me hace un nudo...</span><span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span style="font-weight: normal"></span></p><p style="tab-stops: right 424.7pt" class="MsoToc3"><span class="MsoHyperlink">Se me hace un nudo en el est&oacute;mago, que no se deshace con nada.<span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span></span></p><p style="tab-stops: 142.8pt right 424.7pt" class="MsoToc1"><span class="MsoHyperlink"><span><a href="http://sereira.tugle.com/cap042.htm">CAPITULO XLII.</a></span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><span>Eug&egrave;ne Kaputt</span><span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span style="font-weight: normal"></span></p><p style="tab-stops: right 424.7pt" class="MsoToc3"><span class="MsoHyperlink">Mi sentimiento de culpabilidad era evidente, aunque irracional.<span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span></span></p><p style="tab-stops: right 424.7pt" class="MsoToc3" align="center"><a href="http://sereira.tugle.com/indice.htm#m04"><img src="//sereira.blogia.com/upload/externo-577d1aa3adf53ba7ad148e5fd3b062d4.gif" border="0" alt="Subida r&aacute;pida" width="13" height="9" /></a> <a name="m05" title="m05"></a><img src="//sereira.blogia.com/upload/externo-4af1186c98e3c7242c186186043b7100.gif" border="0" width="327" height="11" /> </p><p style="tab-stops: 147.45pt right 424.7pt" class="MsoToc1"><span class="MsoHyperlink"><span><a href="http://sereira.tugle.com/cap043.htm">CAPITULO XLIII.</a></span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><span>La diosa</span></span></p><p style="tab-stops: right 424.7pt" class="MsoToc3"><span class="MsoHyperlink">Sobre la pantalla del procesador de textos parpadea...</span></p><p style="tab-stops: 146.8pt right 424.7pt" class="MsoToc1"><span class="MsoHyperlink"><span><a href="http://sereira.tugle.com/cap044.htm">CAPITULO XLIV.</a></span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><span>&iexcl;La f&iacute;sica cu&aacute;ntica es algo dom&eacute;stico!</span><span style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"></span></span><span style="font-weight: normal"></span></p><p style="tab-stops: right 424.7pt" class="MsoToc3"><span class="MsoHyperlink">-Haz el favor de mirar en la base de datos: &iquest;Te suena Juan T. Volta?</span></p><p style="tab-stops: right 424.7pt" class="MsoToc3"><span class="MsoHyperlink" style="display: none; color: windowtext; text-decoration: none; text-underline: none"><a href="http://sereira.tugle.com/cap035.htm">La fuente de las horas</a></span></p><p style="tab-stops: right 424.7pt" class="MsoToc3"><a href="http://sereira.tugle.com/cap045.htm"><span>L&rsquo;Anneau tournant</span></a></p>]]></description><pubDate>Sat, 16 Sep 2006 17:16:00 +0000</pubDate></item><item><title>La mano de la diosa. Resumen</title><link>https://sereira.blogia.com/2006/091601-la-mano-de-la-diosa-resumen.php</link><guid isPermaLink="true">https://sereira.blogia.com/2006/091601-la-mano-de-la-diosa-resumen.php</guid><description><![CDATA[<div class="Section1"><span>La mano de la diosa<p>&nbsp;</p></span><span>Resumen<p>&nbsp;</p></span><span>Juan T. Volta es un escritor de novelas er&oacute;ticas, de &eacute;xito, que se oculta de sus conocidos en Aranjuez con objeto de escribir otra novela de su especialidad.<p>&nbsp;</p></span><span>Todo va bien, hasta que conoce a Sereira, nombre que oculta a Eug&egrave;ne, una francesa de padre espa&ntilde;ol que supuestamente est&aacute; escribiendo una tesis sobre historia.<p>&nbsp;</p></span><span>Enseguida Juan se percata de que lo de la tesis es una tapadera, aunque atra&iacute;do f&iacute;sica y mentalmente por Eug&egrave;ne, acepta colaborar con ella y un doctor amigo de ella en la b&uacute;squeda de algo que se va desvelando poco a poco.<p>&nbsp;</p></span><p class="MsoBodyTextIndent"><span>Juan intenta divertirse y hacerlo pasar por una aventura que le ayude con el argumento de su novela, pero cada vez est&aacute; m&aacute;s involucrado en una historia que no comprende, y cada vez dedica menos tiempo a escribir.</span></p><span>Y aunque al principio &eacute;l piensa que se trata s&oacute;lo de seguir el juego de Sereira, sin creer sus historias, los hechos le van haciendo comprender que se trata de algo real, al experimentar consecuencias nefastas, si bien no consigue explic&aacute;rselo a s&iacute; mismo.<p>&nbsp;</p></span><span>La tesis de Eug&egrave;ne y del doctor es que en alg&uacute;n lugar de Aranjuez o sus cercan&iacute;as existe una entrada que permite viajar en el tiempo y acceder a otras dimensiones, un poder en el que otras personas est&aacute;n interesadas y que Eug&egrave;ne y el doctor consideran sus enemigos morales.<p>&nbsp;</p></span><span>Cuando descubre que todo ello es real, a ra&iacute;z de acontecimientos dolorosos, ya es tarde:<p>&nbsp;</p></span><p class="MsoNormal"><span>Est&aacute; implicado en una trama que no comprende ni le gusta, en posesi&oacute;n de las claves y los m&eacute;todos para atravesar esa puerta a otras dimensiones.&nbsp;</span></p><span>Pero conocerlos le ha costado la desaparici&oacute;n en el tiempo y el espacio de los que en ese momento son sus seres m&aacute;s queridos, y se encuentra s&oacute;lo, rodeado de potentes enemigos ocultos, tratando de decidir si debe creer en todo lo que ha vivido, o debe huir, intentar olvidarlo, arreglar el argumento para que parezca una novela, y volver a Madrid como si no hubiera pasado nada.<p>&nbsp;</p></span><span>El final intenta explicar por qu&eacute; el escrito novelado de esta historia aparece en una editorial donde Juan T. Volta, en otra dimensi&oacute;n escritor de best sellers, no existe ya, ni ha existido nunca.<p>&nbsp;</p></span><span>Algunos de los personajes clave han desaparecido, nunca existieron, y otros, en consecuencia viven una vida muy diferente a la que tuvieron, en esta dimensi&oacute;n cu&aacute;ntica.<p>&nbsp;</p></span><span>La novela, o relato, va a parar a manos de actores que fueron secundarios y que ahora ser&aacute;n protagonistas, si se vuelve a establecer el contacto entre dimensiones ...<p>&nbsp;</p></span></div>]]></description><pubDate>Sat, 16 Sep 2006 09:39:00 +0000</pubDate></item></channel></rss>
